Análisis del
proyecto comparatista de Stefan Zweig
a partir de los postulados
de la Crítica de la razón literaria
Ramón de Rubinat Parellada
Escuela Hispánica de Estudios Literarios
Universidad de Lérida
El siguiente trabajo es un resumen de los
asuntos más importantes que hemos tratado en el libro Stefan Zweig, ¿imperialista o cavernícola? Análisis del proyecto
comparatista de Zweig a partir de los postulados de la Crítica de la razón
literaria (Editorial Academia del Hispanismo, 2019) y que expusimos, en forma
de conferencia, en las IV Jornadas sobre Crítica de la razón literaria, celebradas en abril de 2018 en la Sociedad Cervantina de Madrid.
Como reza el subtítulo del libro, hemos
analizado críticamente tanto el proyecto comparatista de Stefan Zweig, titulado
Los constructores del mundo. Tipología
del espíritu, como su teoría sobre el comparatismo, tomando en todo momento
como referencia la Teoría de la Literatura construida por Jesús G. Maestro en
su Crítica de la razón literaria[1].
Las obras que hemos analizado de forma
preferente y que conforman el proyecto Los
constructores del mundo, son: Tres
maestros, dedicada a Balzac, Dickens y Dostoievski, La lucha contra el demonio, dedicada a Nietzsche, Hölderlin y
Kleist, y Tres poetas de sus vidas,
dedicada a Casanova, Stendhal y Tolstói.
Seguidamente vamos a presentar de forma
sucinta los seis apartados de Stefan
Zweig, ¿imperialista o cavernícola? Como es obvio, emplazamos a quienes
estén interesados en conocer los desarrollos de estos seis bloques a que acudan
directamente al libro:
- El materialismo de la Crítica de la razón literaria contra el comparatismo idealista de Stefan Zweig.
- El método comparatista de Stefan Zweig.
- El método comparatista de la Crítica de la razón literaria construida por Jesús G. Maestro.
- Análisis de las relaciones comparatistas de Stefan Zweig.
- Conclusión.
- Coda contemporánea.
1
El materialismo
de la Crítica de la razón literaria
contra el
comparatismo idealista de Stefan Zweig
Respecto al primer apartado, nuestro punto
de partida, como ya hemos indicado, es la teoría comparatista construida por
Jesús G. Maestro en la Crítica de la razón
literaria, una teoría que entiende el comparatismo como una construcción
europea, de naturaleza estatalista e incluso imperialista que, lejos de
pretender el acercamiento o hermanamiento entre literaturas —idea esta que
Maestro considera una «ilusión internacional»—, «nació, creció y se desarrolló,
para satisfacer una necesidad académica esencial a todo Imperio: interpretar y
codificar las literaturas ajenas a partir de la literatura propia» (Crítica de la razón literaria, en adelante CRL, 2017:
1144).
El comparatismo de Zweig, por el contrario,
pretende ese hermanamiento de las culturas que critica el comparatismo de
Maestro: «pensar a escala europea y unirnos en una hermandad internacional,
declararnos partidarios del ideal de un entendimiento pacífico dentro de
nuestra esfera, que sólo de modo muy indirecto influía en el presente y de una
fraternidad espiritual por encima de lenguas y países» (Zweig, 2002: 256).
Esta es la dialéctica: por un lado, una
concepción del comparatismo que niega toda idea de fraternidad supranacional de
las lenguas y las literaturas (fraternidad que considera una ilusión internacional) y, por otro lado,
un comparatismo que dirige toda su potencia a lograr, precisamente, esa hermandad internacional.
2
El método
comparatista de Stefan Zweig
Uno de los principales problemas de este
proyecto claramente soteriológico es que fía el éxito de su misión salvífica a
la práctica de un irenismo de signo retórico: «[A propósito de Castellio,
afirma Zweig que] sólo hay una cosa que según Castellio puede salvar a la
humanidad de semejantes barbaridades: la tolerancia» (Zweig, 2001: 174), idea
esta que nuestro autor repetirá en numerosas ocasiones.
Así como la Crítica de la razón literaria reconoce, sin ambages, el carácter
imperialista y, por tanto, polémico, del comparatismo, Zweig proscribe el uso
de la violencia aunque, eso sí, contempla la posibilidad de un belicismo
pacífico: «Fue entonces cuando recibí el impulso definitivo: ¡era preciso
luchar contra la guerra!» (Zweig, 2002: 320). La idea de la guerra a la guerra es un claro ejemplo
de la retórica que nutre la teoría literaria de nuestro autor. Las alusiones a
la lucha contra la guerra son muy
numerosas pero destacaremos una en especial, ya que, en el siguiente pasaje,
además de aludir a la idea de «matar la guerra», se revela una de las acciones
soñadas por este belicismo pacifista:
Ahí estaba Frans Masereel, quien, con sus grabados en boj contra la abominación de la guerra, dibujaba ante nuestros ojos su eterno monumento gráfico [...] cada mañana La Feuille publicaba una de sus acusaciones gráficas, que no acusaban a ninguna nación en concreto, sino siempre a nuestro común enemigo: la guerra. ¡Cómo soñábamos con poder lanzar desde aviones, en lugar de bombas contra ciudades y ejércitos, hojas volantes con aquellas estremecedoras y furibundas acusaciones, comprensibles sin palabras, sin texto, hasta para el más inculto! Estoy convencido de que habrían matado la guerra antes (Zweig, 2002: 341-342).
Aquí aparecen dos ideas absolutamente
delirantes: por un lado, el sueño de bombardear al enemigo con viñetas
pacifistas y el «convencimiento», por parte de Zweig, de que esta acción
hubiese podido matar la guerra, lo
cual muestra, a nuestro entender, no solo su idealismo, sino una ingenuidad
rayana en lo patológico; y, por otro lado, tenemos la última frase, que supone
que a la guerra se la acabó matando,
tarde, pero que se la mató, signifique
esto lo que signifique; cabe pensar que fue la paz quien acabó con ella, lo
cual es tan irracional como lo anterior. Pero estos son los términos en los que
se despliega el pacifismo de nuestro autor.
En Stefan
Zweig, ¿imperialista o cavernícola? criticamos con más detalle las características
del proyecto comparatista de Zweig pero adelantamos aquí que la precariedad
metodológica, la absoluta desorientación en cuanto al conocimiento de lo que la
Literatura Comparada es, el acendrado idealismo del autor (irenismo,
soteriología…), el desprecio por la ontología y la gnoseología (y, por el
contrario, las constantes alusiones a ideas metafísicas), y la aproximación
psicologista y retórica de Zweig a los autores y obras que trabaja, explican en
gran medida el fracaso de un proyecto de signo retórico e idealista. El
siguiente pasaje muestra de forma muy clara este carácter idealista y retórico
al que nos acabamos de referir:
Siempre me ha parecido la comparación un elemento creador de gran eficacia, y hasta me gusta como método, ya que puede ser usado sin necesidad de forzarse; así como las fórmulas empobrecen, la comparación enriquece, pues realza los valores, dando una serie de reflejos que, alrededor de las figuras, forman como un marco de profundidad en el espacio (Zweig, 1999: 7).
Adviértase que la comparación es, de forma
prioritaria, un elemento creador y
solo de forma lateral («hasta me gusta como método») se considera una metodología. Cuando Zweig sostiene que
el método (creador) no es una fórmula (empobrecedora) está confundiendo la
Literatura (ontología), donde sí cabe la creación
(entendida como construcción), con la Crítica Literaria (filosofía) y la Teoría
de la Literatura (gnoseología), donde esta no tiene lugar. El autor, a partir
de estas premisas, se conduce hasta un punto en el que le resulta imposible
evitar el absurdo, como cuando Zweig alude a que sus ejercicios comparatistas
proporcionan una «serie de reflejos que, alrededor de las figuras, forman como
un marco de profundidad en el espacio».
El siguiente pasaje tiene interés por
cuanto nos informa del modelo utilizado por Zweig y, especialmente, de la
voluntad de nuestro autor de buscar un determinado tipo humano:
Ese secreto plástico lo sabía ya Plutarco, ese antiguo creador de retratos, quien, en sus Vidas paralelas, presenta siempre un personaje romano a la par que uno griego, para que así, detrás de la personalidad, pueda verse de modo más claro su proyección espiritual, es decir, el tipo (Zweig, 1999: 7).
El tipo
humano que busca Zweig es aquel individuo que, por tener una proyección
espiritual, puede iluminar a la Europa belicista y autodestructiva y reeducarla
según una paideia irenista. En su
conjunto, la nómina de estos tipos
comprende a una docena de individuos:
En el vasto paisaje de la literatura universal, apenas existe una docena de obras de este tipo que sean esenciales para el espíritu (Zweig, 2008: 12).
En estrecha relación con lo anterior,
queremos insistir en el criterio absolutamente subjetivo que emplea Zweig para
construir esta nómina:
El camino que siguen estos Tres poetas de sus vidas no nos lleva, como el de los primeros, hasta lo infinito, ni tampoco nos conduce, como en el caso de los segundos, hasta el mundo real, sino que nos lleva de vuelta únicamente hacia los autores mismos. Su intención no es la de reproducir el macrocosmos, la plenitud de la existencia, sino desplegar hacia el mundo el microcosmos del propio yo, y es eso lo que, de forma inconsciente, consideran la misión principal de su arte. Ninguna realidad es para ellos más importante que la de la propia existencia (Zweig, 2008: 9).
Todos ellos aspiran inconscientemente a llegar a esas alturas, pero son pocos los que son capaces de alcanzarla (Zweig, 2008: 12).
Adviértase que, según Zweig, estos autores
no solo desconocen, por una cuestión cronológica, el fin que tendrán sus obras
(finis operis), sino que desconocen
la finalidad que ellos mismos pretendían con ellas (finis operantis) y que nuestro autor sí es capaz de determinar.
Quede claro que un transductor que cuenta con una perspectiva histórica está en
mejor disposición que el autor de la obra para tratar el finis operis pero lo que resulta inadmisible es que Zweig sepa cuál
era la «misión principal» del arte de estos individuos (el finis operantis) y sepa, también, que ellos la desconocían y
que, si se dedicaban a ella, lo hacían «de forma inconsciente».
3
El método
comparatista de la Crítica de la razón
literaria
construida por Jesús G. Maestro
Recomendamos a los lectores que quieran
familiarizarse con la Teoría de la Literatura de Jesús G. Maestro y,
concretamente, con los principios de su Literatura Comparada que acudan a la
parte de la CRL (páginas 1053-1242) que se ocupa de ello. Con independencia de
lo anterior, y a sabiendas de la precariedad del dibujo, bosquejamos a
continuación algunas líneas de esta teoría comparatista con la sola idea de
proporcionar al lector no avezado en estas cuestiones las referencias
suficientes para seguir nuestro análisis.
Nosotros hemos sostenido en más de una
ocasión que los ejercicios críticos deberían acompañarse siempre del criterio del crítico[2];
de este modo los lectores podríamos advertir la insolvencia de tantos retóricos
que fundamentan sus críticas en su parecer, en sus afectos, en su psicología, y
por ello son capaces de defender una cosa y la contraria (diafonía ton doxon); pero, en sentido positivo, el
hecho de que el crítico muestre sus cartas resultará de gran ayuda, insistimos
en ello, a aquel lector que desconozca las bases teóricas de las que este se
sirve, pues se le estará proporcionando una clave fundamental para entender el
ejercicio crítico en cuestión.
Nuestra crítica a las ideas comparatistas y
a las ideas que resultan de los ejercicios comparatistas de Zweig no se
fundamentan ni en una ideología, ni en una retórica, ni en psicologismos, ni en
doxografías, sino en un modelo gnoseológico, el que Jesús G. Maestro ha
construido en la CRL.
Presentamos, en primer lugar, las figuras
que encontramos en los tres ejes del Espacio Gnoseológico y el modo en que
Maestro las explota:
—Eje Sintáctico, aquí encontramos los términos (los materiales literarios: autor, obra, lector e intérprete o transductor), las relaciones (en las que se objetiva gnoseológicamente la figura que hace posible la ontología de la Literatura Comparada: la relación) y las operaciones (llevadas a cabo por el comparatista, que actúa como sujeto gnoseológico). En nuestro caso habrá que ver qué relaciones estableció Zweig actuando como operador (sujeto comparatista) y qué términos (entre los materiales literarios) relacionó en cada uno de sus ejercicios comparativos.
—Eje Semántico, aquí se explicita la ontología de la Literatura Comparada y encontramos propiamente las relaciones que el sujeto comparatista ejecuta con los materiales literarios, situados en el eje de ordenadas, como causas eficientes de la relación, y, en el eje de abscisas, como consecuencias codificadoras, objetivadoras o sancionadoras de esas causas eficientes.
—Eje Pragmático, aquí encontramos los autologismos explicaciones personalistas o animistas (que dan lugar a prototipos), los dialogismos discursos gremiales o ideológicos que identifican a grupos enfrentados a otros grupos en competencia por imponer sus ideas a una mayoría o una totalidad determinadas (y dan lugar a paradigmas) y las normas sobre las que se fundamentan las interpretaciones sistemáticas o incluso canónicas (que dan lugar a cánones). No hay Literatura Comparada sin un canon, que se articula a partir de los paradigmas que construyen, dialógicamente, diferentes comunidades científicas y que, a su vez, resultan de la interpretación autológica que da como resultado un prototipo de lectura.
Llegados a este punto, reproducimos la definición
que Maestro da de los distintos tipos de relaciones
que se dan en el comparatismo literario:
Las relaciones son operatorias según dos
tipos de criterios. En primer lugar, las relaciones pueden ser isológicas
(dadas entre términos de la misma clase: autor con autor, obra con obra...) o
heterológicas (dadas entre términos de clases diferentes: un autor en una obra,
una obra en un lector, un autor en un lector...). En segundo lugar, las
relaciones pueden ser distributivas (dadas con el mismo valor en cada parte del
todo: el impacto de una obra en una totalidad de lectores) o atributivas (dadas
con distinto valor en cada parte del todo: el impacto de una obra en un lector
concreto y distinto de los demás) (CRL, 2017: 1224-1225).
Todo ello queda resumido en el siguiente
cuadro:
relaciones |
atributivas (p.ej.: el impacto de una
obra en un lector) |
distributivas (p.ej.: el impacto de una
obra en una totalidad de lectores) |
isológicas (p.ej.: autor-autor,
obra-obra…) |
metros |
paradigmas |
heterológicas (p.ej.: autor-transductor,
|
prototipos |
cánones |
modelo
gnoseológico de la comparación literaria según la crl
|
||||
|
autor acusa recibo de… |
obra objetiva el impacto de… |
[pluralidad de] lector labor consecutiva (entre
la obra y el transductor) |
[pluralidad de] transductor sanciona, porque puede
y porque sabe
|
autor |
Isología Atribución Metro
Según Zweig: Stendhal acusa
recibo de la influencia de San Agustín.
Establece entre ellos una
relación de analogía.
|
Heterología Atribución Prototipo
La obra comparatista de
Zweig recibe la influencia de Goethe.
|
Heterología Distribución Canon
Los lectores argentinos
reciben la influencia de Zweig.
«La sala fue invadida de tal
modo por 1500 personas».
|
Heterología Distribución Canon
Los transductores europeos
reciben la influencia de Erasmo.
«Este imperio de Erasmo [...]
incluyó todos los países, pueblos y lenguas…».
|
obra |
Heterología Atribución Prototipo
Zweig sostiene que en el Werther está escrita, proféticamente,
la vida de Kleist, Tasso, Hölderlin y Nietzsche.
Establece entre ellos una
relación de analogía.
|
Isología Atribución Metro
En la biografía de Erasmo,
Zweig reproduce, en cursiva y en redonda, una expresión de Romain Rolland: «No
puede estar por encima de ello, au-dessus
de la mêlée». |
Heterología Distribución Canon
Los lectores de Europa
reciben la influencia del periódico Demain. |
Heterología Distribución Canon
* Nosotros, ejerciendo el comparatismo, trataremos
de explicar el éxito editorial actual de la obra de Zweig y por qué interesa
a los transductores actuales.
|
lector |
Heterología Atribución Prototipo
Joseph Roth trata de hacerle
ver a Zweig la realidad política del momento y le insta a modificar su perspectiva
de las cosas.
* Nosotros, ejerciendo el comparatismo,
establecemos entre ellos una relación de antinomia.
|
Heterología Atribución Prototipo
La obra de Zweig recibe la
influencia de León Bazalgette: «[él] rechazaba sin vacilar todo lo que yo
escribía [...] jamás me ha alegrado tanto un aplauso como el de Bazalgette
cuando alcancé una forma de expresión personal». |
Isología Distribución Paradigma
Las lecturas que Zweig ha
hecho de grandes figuras de la historia incide en las preferencias lectoras
de un gran número de personas que pasan a interesarse por el género
biográfico. |
Heterología Distribución Canon
Zweig se sirve de la prensa
para promocionar en Austria la novela pacifista Le feu, de Barbusse.
«En medio de una guerra
mundial pude ensalzar con entusiasmo a Berta von Suttner, la fundadora del
pacifismo, que estigmatizó la guerra como el crimen de los crímenes, e
informar punto por punto de Le feu
de Barbusse en un periódico austríaco».
|
transductor |
Heterología Atribución Prototipo
Castellio acusa recibo de la
influencia de Melanchthon.
«De pronto, inesperada y
abiertamente, el precursor de la Reforma alemana, Melanchthon, se pone de
parte de Castellio».
|
Heterología Atribución Prototipo
La obra de Zweig recibe la
censura del III Reich.
«De todos los miles e
incluso millones de libros míos […] hoy, en Alemania, no es posible encontrar
ni uno solo». |
Heterología Distribución Canon
Castellio, lector de
Bernardo Occhino, traduce su libro [Treinta
diálogos] del italiano al latín.
«Por ello, [Castellio] es
culpable de haber participado en la difusión de semejantes blasfemias.
Evidentemente, como cómplice no está menos amenazado por el tribunal
religioso de lo que lo está el autor».
|
Isología Distribución Paradigma
(1) Una élite intelectual
(pocas docenas de hombres) o los miembros del grupo Clarté, con posibilidades de transducir los materiales
literarios, se influencian entre ellos.
(2) «Alemania envía
orquestas sinfónicas a Suiza, Holanda y Suecia y envía a poetas, escritores y
sabios al extranjero para demostrar a las autoridades extranjeras, con versos
y obras musicales, que los alemanes no son unos “bárbaros”».
|
El Modelo
gnoseológico de la comparación literaria de la CRL nos proporciona un
valioso punto de partida para construir la crítica de las ideas (filosofía) que
resultan de los ejercicios comparatistas de Zweig. Y esto es lo que hemos hecho
en el siguiente capítulo.
4
Análisis de las
relaciones comparatistas de Stefan Zweig
En este apartado nos hemos enfrentado
críticamente a los cánones, paradigmas, prototipos y metros que resultan de los
ejercicios críticos y comparatistas realizados por Stefan Zweig.
Sirva, a modo de ejemplo, una de las relaciones
que Zweig, como sujeto comparatista, establece entre los términos autor /
lector-transductor y que, como relación consecutiva, heterológica y
distributiva, deberían dan lugar a un canon. En su comparación entre Hölderlin
y Goethe, Zweig dice del primero que este quiso:
Crear sobre la Tierra la «teocracia de la belleza», la unidad del Todo, he aquí la tarea ideal del individuo en particular y de la Humanidad en general (Zweig, 1999: 61).
Los pueblos han perdido la armonía infantil, y la armonía de los espíritus será siempre el principio de una nueva historia de la Tierra. Sólo habrá belleza, y el hombre y el mundo exterior se unirán en un solo abrazo, formando así una divinidad universal. Hölderlin, el más grande patriota de esa nueva patria espiritual [la Grecia del espíritu], nos da su imagen en sus obras (Zweig, 1999: 61).
Véase cómo, para los escritores aborrecedores,
emic, de la política, no supone ninguna contradicción el hecho de subordinarse
a un imperativo ético que tiene como único objetivo la instauración de lo que,
etic, ha de ser un imperio no solo planetario («crear sobre la Tierra»), sino universal
(«formando así una divinidad universal»). El propio Zweig sostiene la misma
idea que Hölderlin:
No tengo yo noticias de deleite y satisfacción más grandes que reconocer que también les es dado al hombre crear valores imperecederos, y que eternamente quedamos unidos al Eterno mediante nuestro esfuerzo supremo en la tierra: mediante el arte (Zweig, 2015: 39-40).
El comparatista Zweig es incapaz de criticar
la demencia de Hölderlin porque, aborrecedor de la política (del Estado y de la
violencia, que son lo mismo), comulga con el credo de la «teocracia de la
belleza»:
Si en mis libros, con toda intención, coloco siempre unos retratos junto a los otros, lo hago para lograr un efecto pictórico, como lo hace el pintor que, buscando efectos de luz y de contraluz, logra poner de manifiesto, por medio del contraste, cualidades y analogías que de otro modo quedarían ocultas. Si he colocado esas figuras una junto a otra, es para hacer resaltar más ese doble aspecto de la belleza; no lo he hecho para sacar de ello conclusiones (Zweig, 1999: 7).
A Zweig no le interesan las conclusiones
(ya lo hemos indicado: no le interesa ni la ontología, ni la gnoseología), sus
obras comparatistas tienen el único objetivo de poner de manifiesto ese doble
aspecto (luz y contraluz) de la belleza, signifique esto lo que signifique.
Este proyecto que, en una primera instancia
y por medio del arte, ha de unir espiritualmente a todas las naciones de
Europa, es un proyecto indudablemente político y de carácter imperialista, a
pesar de que Zweig, como individuo ideologizado por las doctrinas pacifistas,
nunca lo reconoció de este modo (políticamente), nunca advirtió (ingenuidad) o
reconoció (cinismo) que la necesidad de imponer un canon normativo era
imposible sin contar con una estructura política estatal y nunca advirtió o
reconoció que la necesidad de imponer un canon supranacional era también
imposible sin contar, en este caso, con una estructura política supranacional,
con una Europa constituida como nación política y con vocación imperialista de
signo contractivo o centrípeto, que sería lo más apropiado o coherente con el
ideario irenista: una Europa dedicada a seducir a las demás naciones con las
armas del arte y, en concreto, con la belleza de las obras literarias, como también
sugería Husserl al referirse a que los grupos humanos no europeos no podrían
sustraerse a la «incitación a europeizarse» (entiéndase este «europeizarse»
como un alemanizarse):
Hay en Europa algo singular, único, respecto de lo que todos los otros grupos humanos son también sensibles en cuanto algo que, independientemente de toda consideración de utilidad, se convierte para ellos, por grande que sea su voluntad indomeñable de autoconservación espiritual, en una incitación a europeizarse, en tanto que por nuestra parte, si tenemos una comprensión cabal de nosotros mismos, nunca optaremos, por ejemplo, por indianizarnos (Husserl, 1990: 329).
Pero lo que en Husserl es seducción-imperialista-contractiva,
en Rosenberg, uno de los principales filósofos del nazismo, será racismo-imperialista-depredador:
Rosenberg completa la filosofía de Leibniz en los siguientes términos: «Lo que las emparenta (a las mónadas), lo que las impulsó a una evolución análoga fue la comunidad de una sangre fundida con el alma, que constituía la corriente profunda de una vida total que todo lo unía. Esta sangre, determinante del parentesco de las personas, puede formar y criar otras especies; pero, en presencia de sangre completamente extraña, la mónada de la persona queda otra vez oclusa…, «sin ventanas»… falta el puente de una verdadera inteligencia entre ella y la de un chino y no digamos ya con la de un bastardo sirio o africano. La relación no es, pues, entre mónada y humanidad, sino entre persona y raza» (Stern, 1942).
La bondad del proyecto de Zweig residiría, por
un lado, en este sentido contractivo-no violento y, por otro, como subraya
Maestro a propósito de Kant, en la bondad intrínseca de las intenciones de
nuestro autor:
Para Kant, la bondad está esencialmente en la intención de la acción humana, al margen incluso de sus consecuencias. Algo así reduce la moral a una mera declaración psicológica de intenciones. Es uno de los ideales que conducen al fiat iustitia pereat mundus. Como traduce la neo-post-kantiana Adela Cortina, «lo esencialmente bueno de la acción consiste en la intención que a ella se lleva, sea el éxito el que fuere (Kant, 1797, IV, apud Cortina, 1989: IV, 416) Lejos está don Quijote de la moral kantiana —y protestante—, cuando afirma que «el agradecimiento que solo consiste en el deseo es cosa muerta, como es muerta la fe sin obras» (I, 50) (CRL, 2017: 2879).
Pero esta bondad, este panfilismo, este
idealismo kantiano poco pueden hacer frente a la fuerza interpretativa y
transductora de quien ostenta y ejerce el poder:
La filosofía de Kant es falsificada y su amplio universalismo transformado en particularismo nacionalista. Así, por ejemplo, el Dr. Goebels afirma en su libro Signos de una nueva época que Kant formuló su imperativo categórico del modo siguiente: «Obra de tal modo que la máxima de tu vida pueda ser la máxima de la totalidad de tu pueblo». En realidad Kant no habla de tu pueblo, sino de «una ley universal», de la «ley universal de la naturaleza». «Obra según una máxima que tu puedas querer que se convierta en ley universal» [...] He ahí las palabras de Kant en su Metafísica de las Costumbres. Goebels equipara el concepto kantiano de lo universal y aun de la ley natural universal con el concepto nacional particularista del pueblo, en el sentido de la formula rosenberguiana «lo universal coincide con pueblo y raza» (Stern, 1942).
5
Conclusión
Las conclusiones que presentamos en Stefan Zweig, ¿imperialista o cavernícola?
Análisis del proyecto comparatista de Zweig a partir de los postulados de la Crítica
de la Razón Literaria se dividen en cinco
bloques: (1) un primer apartado en que presentamos las principales
características del proyecto comparatista de Zweig (negación de la dialéctica, irenismo,
finalidad soteriológica, retoricismos, un acendrado idealismo, no considerar lo
gnoseológico, construir recurrentemente esquemas maniqueos e incurrir en
contradicciones); (2) un segundo apartado en que analizamos las ideas
comparatistas de Zweig entendidas como un corpus de filosofía oracular; (3) un
tercer apartado en que interpretamos esta filosofía oracular a partir de las
cuatro familias o linajes de la Genealogía de la Literatura que Maestro nos
ofrece en la CRL; (4) una conclusión final de todo este recorrido en la que
tratamos de resolver un falso trilema: ¿dónde cabe ubicar la razón literaria de
Zweig: en el ámbito de la Literatura Primitiva o Dogmática, de una Literatura
Programática o Imperativa o de una Literatura Sofisticada o Reconstructivista? Concluimos
que, en realidad no hay tal trilema, sino un dilema: la caverna (Literatura Primitiva o Dogmática) o el imperio (Literatura Programática o Imperativa),
y tratamos de justificar la solución que le damos.
6
Coda
contemporánea
En esta última parte del libro apuntamos la
idea, que deberá analizarse convenientemente, de que el éxito actual de las
obras de Zweig puede responder a la debilidad de la fuerza transductora de los
Estados europeos y a la pujanza del discurso posmoderno (que mezcla la libertad
de conciencia, con la potencia psicológica del individuo y reduce lo
gnoseológico a lo psicológico [es decir, que mezcla a Lutero, con Nietzsche y
con Freud]) promovido por todo tipo de gremios (en especial, el gremio
universitario de Letras), muchos de los cuales, no solo tienen la capacidad
operatoria para elevar el irenismo soteriológico y retórico de Zweig a
paradigma de lectura, sino que les conviene hacerlo para hacer frente a la
norma canónica vigente.
7
Bibliografía
- Husserl, Edmund (1990), La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental, Barcelona, Crítica.
- Maestro, Jesús G. (2017), Crítica de la razón literaria: una Teoría de la Literatura científica, crítica y dialéctica. Tratado de investigación científica, crítica y dialéctica sobre los fundamentos, desarrollos y posibilidades del conocimiento racionalista de la literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo, 2022, 10ª ed. digital definitiva disponible en línea.
- Rubinat Parellada, Ramón (2017), «El criterio del crítico: ¿cómo se critica la literatura?», Boletín de la Cátedra Hispánica de Estudios Literarios, vol. R.
- Stern, Alfred (1942), «La filosofía en el Tercer Reich, instrumento de guerra», Cuadernos Americanos, año I - vol. 5 (14-43), México.
- Zweig, Stefan (1999), La lucha contra el demonio. Hölderlin, Kleist, Nietzsche, Barcelona, Acantilado.
- Zweig, Stefan (2001), Castellio contra Calvino. Conciencia contra violencia, Barcelona, Acantilado.
- Zweig, Stefan (2002), El mundo de ayer. Memorias de un europeo, Barcelona, Acantilado.
- Zweig, Stefan (2008a), Tres poetas de su vida. Casanova, Stendhal y Tolstói, Barcelona, BackList.
- Zweig, Stefan (2015), El misterio de la creación artística, Madrid, Ediciones Sequitur.
NOTAS
[1]
Todas las citas de Maestro pertenecen a la Crítica de la razón literaria (2017-2022).
[2] Ver Rubinat, 2017.
Contra el mito alemán de Stefan Zweig:
la literatura es superior e irreductible a la cultura
Ramón de Rubinat: presentación del libro Stefan Zweig:
¿Cavernícola o imperialista?
Stefan Zweig: ¿cavernícola o imperialista?,
una obra clave de Ramón de Rubinat
Ramón de Rubinat: el comparatismo de Stefan Zweig
según la Crítica de la razón literaria