Los teoremas de Gödel, Don Quijote de la Mancha
y los
molinos de viento posmodernos
Stefano de Merich
Roma
Palabras clave
Cervantes · Metaficción ·
Lógica · Posmodernidad · Ontología de los «Mundos Posibles»
Sinopsis
La crítica posmoderna utiliza a menudo los Teoremas de Incompletitud de Gödel (1931) para explicar la estructura de cajas chinas o muñecas rusas de los textos de ficción. A partir de los casos de metaficción que aparecen en la obra maestra de Cervantes, se pretende demostrar aquí que dichos teoremas solo pertenecen al ámbito lógico y matemático; además, su aplicación a los textos literarios revelaría la inconsistencia de las interpretaciones posmodernas, no su afirmación.
1
Introducción
Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes
(1605 y 1615) es la novela de novelas por excelencia, en primer lugar, debido a
que es un hipertexto relacionado con
unos hipotextos, o sea las novelas de caballerías en la terminología de Gérard
Genette (1982). En la continuación de 1615 Don Quijote se preocupa de aseverar
el libro de 1605 y la primera parte pasa a ocupar el lugar que Amadís de Gaula, Las sergas de Esplandián y otros textos del universo caballeresco
tenían en 1605. Según el planteamiento de Jesús G. Maestro en su Crítica de la razón literaria, la obra cumbre de Cervantes envuelve
e implica a otras narraciones y novelas (Maestro, 2017-2022: 1683) que se
configuran como géneros (por ejemplo, los relatos interpolados), es más:
Cervantes utiliza los géneros convencionales en su época para transformarlos y
crear algo nuevo[1].
Todo
lector de Don Quijote de la Mancha se da cuenta de que en
la narración aparecen textos de cualquier tipo, tanto reales (los libros
caballerescos y pastoriles, en el escrutinio en I, 6, o la continuación de
Avellaneda que aparece en II, 59) como ficticios. Estos pseudobiblia y sus personajes-autores son ejemplos de tematización
de autores y lectores (de Merich, 2006).
Los casos de narraciones en la narración
principal en Don Quijote se
interpretan generalmente en sentido metaficticio, por ejemplo, que la primera
parte de 1605 cuenta su gestación textual y sus propias vicisitudes editoriales
(Rodríguez, 2003)[2]. En 1615 Don Quijote de la Mancha ya no se limita
a tener una autoconciencia textual, sino que es también autorreferencial en el
momento en que la primera parte de 1605 se incorpora a la continuación y es el
objeto de los comentarios de Carrasco y de la Duquesa. Esta segunda parte que
leemos se refiere también a sí misma cuando Sancho, Don Quijote y Sansón
Carrasco discuten la intención del autor de escribir una segunda parte. Los
lectores nos enfrentamos a una paradoja, al bucle lógico del libro al cuadrado
y a la estructura «en abismo». Estos
comentarios autorreferenciales podrían ser un ejemplo de las argumentaciones de
Linda Hutcheon, quien considera esta característica como la la clave de la
metaliteratura[3].
Don Quijote de la Mancha se considera normalmente como el manantial del que brota la posterior literatura metaliteraria y posmoderna: en su estudio Antonio Sobejano Morán escribe que
La muestra paradigmática de novela metafictiva sigue siendo Don Quijote, novela que aglutina un monumental repertorio de instancias metafictivas (Sobejano Morán, 2003: 30).
En la misma línea, Lauro Zavala opina que la
metaficción que caracteriza la narrativa moderna tiene precisamente a las dos
partes de Don Quijote como una de sus
primeras representaciones (Zavala, 2007: 191). Finalmente, la autoconciencia textual y la autorreferencialidad son
los elementos que inclinan a Javier Cercas a afirmar que si la primera parte de
Don Quijote de la Mancha de 1605
funda la literatura moderna, su continuación de 1615 inaugura la literatura
posmoderna (Cercas, 2016: 32-36)[4].
Los intérpretes de las narraciones posmodernas —quienes
prefieren hablar de «metaficción» más bien que de «metaliteratura»— utilizan
las teorías matemáticas como una matriz lógico-filosófica para explicar los
textos metaficticios: me refiero por ejemplo al texto en que Brian McHale utiliza
las vulgarizaciones de los dos teoremas sobre la incompletitud que Kurt Gödel
formuló en 1931 para ilustrar la técnica de cajas chinas propia de la ficción
posmoderna (McHale, 1987: 114-130).
Las páginas que siguen representan una especie de
apuesta crítica ya que mi opinión es que la aplicación de los teoremas de Gödel
(que son teorías científicas pertenecientes al campo categorial de las
matemáticas y de la lógica) a los casos de metaficción no explican este tipo de
literatura, sino que al contrario revelan unas falacias de la crítica
posmoderna. Mi propósito en estas páginas
consiste en aceptar las opiniones de dicha crítica para rebatir sus
conclusiones, en una dialéctica beligerante.
Sé
que este propósito puede representar un peligro: por ejemplo, Alan Sokal y Jean
Bricmont utilizaron el abuso de los Teoremas de Incompletitud de Gödel para
ridiculizar a un grupo de intelectuales posmodernos entre los que figuraban
Julia Kristeva, Régis Debray y otros (Sokal y Bricmont, 1998: 176-181). Lo
mismo hacen Guillermo Martínez y Gustavo Piñeiro al comentar los casos de
Kristeva, Lacan, Deleuze, Lyotard etc., quienes evocan a Gödel y sus teoremas
para establecer paralelismos peligrosos fuera de la matemática (Martínez /
Piñeiro, 2010).
Espero
no incurrir en las mismas falacias: como se verá, mi intención no consiste en
utilizar los Teoremas de Incompletitud o de Indecibilidad de Kurt Gödel, sino sus popularizaciones —máxime las de críticos posmodernos— y su
aplicación a las obras metaficticias. A la
luz de los postulados y del método crítico que se plantean en la Crítica de la razón literaria (Maestro, 2017-2022)
espero ofrecer una nueva visión de cuestiones que se dan por descontadas sobre Don Quijote de la Mancha.
Como se verá, utilizar los Teoremas de
Incompletitud para explicar las narraciones metaficticias posmodernas equivale
a negar estos textos y no a afirmarlos. En un juego de palabras, si Unamuno
acuñó el término «nivola» para definir su novela Niebla, yo uso la palabra «nivela» para referirme a Don Quijote de
la Mancha como una novela que consta de diferentes niveles.
2
La metaficción y los Teoremas de Incompletitud de
Kurt Gödel
La interpretación de las narraciones encajadas y
de las duplicaciones especulares de la obra dentro de otra obra puede mezclarse
con teorías que pertenecen a la lógica y matemática: me refiero por ejemplo al
concepto de regresión infinita (Odifreddi, 2001: 190-192). En filosofía, este
principio supone que todo fenómeno tiene una causa que a su vez tiene otra
causa anterior y así infinitamente. Jorge Luis Borges reúne diferentes ejemplos
en su texto Magias parciales del Quijote,
de 1952: el poema de Valmiki, Las mil y
una noches, Hamlet de
Shakespeare, etc. Algunos de estos textos aparecen también en el estudio de los
mundos posibles incoherentes que hace Alfonso Martín Jiménez (2015: 233-297),
del que hablaré más adelante[5].
En el caso particular de la novela cumbre de Cervantes, Emilio Martínez Mata señala varios momentos en que la historia narrada en Don Quijote de la Mancha se incluye en su misma narración (Martínez Mata, 2008: 95-97): al discutir la inclusión de la primera parte de 1605 en la segunda de 1615 nota Mata que
La ficción [de 1605] se infiltra en la vida reflejada en la Segunda parte y la va modelando, transformando (Martínez Mata, 2008: 85).
Esta incorporación fue una novedad absoluta en
literatura (Martínez Mata, 2008: 85): sin abusar de la imaginación, creo que esta
idea obligó a Cervantes a pisar territorios que él mismo ignoraba[6].
A su vez Gonzalo Torrente Ballester parece
relacionar la metaficción en Don Quijote
de la Mancha con su imposible construcción de cajas chinas al resaltar que
Cide Hamete Benengeli no estructura su obra en un sistema de cajas chinas
distintas ya que esta constaría de dos cajas que se contienen la una a la otra
de forma mutua y recíproca: una caja (que llamamos A) encierra a la B; ésta a
su vez contiene a la A (Torrente Ballester, 2004: 152). En mi opinión, esta
representación puede recordar la conocida litografía de Escher Manos dibujando de 1948 (en que dos
manos se dibujan la una a la otra mutuamente).
Las obras de Escher se mencionan el trabajo de
Douglas Hofstadter de 1979 sobre los Teoremas de Incompletitud y sus
popularizaciones de en la cultura de las masas y en las artes, a partir de la
obra musical de Johann Sebastian Bach (cuya pieza Ofrenda musical incluye un «canon cangrejo» y elementos típicos de
la autorreferencialidad y de la incompletitud. Por supuesto en el siglo XVII el
músico alemán no podía conocer las teorías de Gödel). Los intérpretes de la
ficción posmoderna basan sus teorías sobre razonamientos de este tipo: por
ejemplo Brian McHale combina las interpretaciones de Hofstadter —en particular
sus nociones de jerarquías enredadas («Tangled
Hierarchies») y de bucles extraños («Strange Loops»)— con el conocido juicio que Jorge Luis Borges expresó en Magias parciales del Quijote[7] en su Postmodernist Fiction para ilustrar la
técnica de cajas chinas o de muñecas rusas típica de las narraciones
posmodernas (McHale, 1987: 112-130).
Los textos de Douglas Hofstadter y de Guillermo Martínez y Gustavo Piñeiro (2010) son herramientas indispensables para entender el contexto en que Kurt Gödel formuló sus teoremas para responder a la propuesta de David Hilbert de axiomatizar toda la matemática. Gödel demostró lógicamente que un sistema axiomático no puede ser consistente y completo a la vez: si es consistente no es completo y si es completo no es consistente. Además, en un sistema de axiomas hay enunciados cuya verdad o falsedad no se puede determinar si se utilizan los axiomas de que consta este mismo sistema. En otras palabras, hay afirmaciones que no se pueden afirmar y existen enunciados cuya verdad es indecidible[8]. Copio la paráfrasis del Teorema de Gödel que ofrece Hofstadter (o su traductor al español):
Toda formulación axiomática de teoría de los números incluye proposiciones indecidibles (Hofstadter, 1979/1989).
Hofstadter explica que la verdadera joya de este
teorema es su demostración que es una proposición matemática autorreferencial.
Una de las implicaciones de los Teoremas de Gödel
es que si los sistemas axiomáticos no pueden demostrarse a sí mismos, entonces es
necesario utilizar otro sistema, esta vez de nivel superior, que demuestre el
sistema de orden inferior. Bajo esta perspectiva, las popularizaciones de los
Teoremas de Gödel se utilizan también para discutir casos de metaliteratura y
de metaficción, de obras literarias enmarcadas o incrustadas en otras, que se definen
autorreferenciales o «recursivas» (como si los dos adjetivos fueran sinónimos).
Esta perspectiva puede entenderse en el caso de los autores de ficciones, pero
no puede aceptarse en el caso de críticos (intérpretes o transductores en la definición
que se lee en Crítica de la razón
literaria)[9]: es imposible que un
crítico actúe como si escribiera narraciones en que la realidad y la ficción están
confundidas o en que la ficción suplanta a la realidad.
El total entendimiento de mi discurso requiere
que reconstruya la tradición de la metaficción, cuyas semillas en las letras
españolas podrían individuarse en La Lozana andaluza impresa en Venecia en 1528 (Martín Morán, 1990: 126n).
Confieso que esta tarea sobrepasa mis posibilidades. Las técnicas metaficticias
aparecen en textos antiguos como Panchatantra,
una colección de fábulas en prosa y versos en sánscrito, cuya versión en lengua
árabe Alfonso X mandó traducir al castellano (Calila e Dimna). Otro texto fundamental en la tradición de las
narraciones enmarcadas e incrustadas dentro de otras narraciones es obviamente Las mil y una noches. En nuestra edad
actual el escritor indio-británico Salman Rushdie ha escrito una especie de
versión posmoderna de Don Quijote de la
Mancha: su novela Quichotte de
2019 tiene deudas evidentes con las dos obras que acabo de mencionar además de
referirse a Don Quijote (quizás más
como pretexto que como texto, en su caso, lo que parece ocurrir también en el caso de las alusiones a Don Quijote, Sancho Panza y
Dulcinea en Caridad española, novela
de 2011 de Abraham B. Yehoshua)[10].
Podríase decir que los trampantojos y las
ilusiones barrocas son un antecedente cultural de las narraciones posmodernas;
por ejemplo, el Soneto de repente de
Lope de Vega es un evidente caso de texto autorreferencial.
En el caso de la pintura de pinturas —cuyos
ejemplos son abundantes en el arte figurativo español: por ejemplo Las Meninas y Las Hilanderas de Velázquez, amén de muchos otras obras— el estudio
de Julián Gallego de los símbolos y los emblemas en el Siglo de Oro puede ser
una lectura útil, en particular su análisis del trampantojo del lienzo o del
espejo dentro de otro cuadro (artificio que el autor interpreta como «gimnasia
mental» (Gallego, 1972: 301-326): no es casual que Edward C. Riley relacione Don Quijote de la Mancha con Las Meninas de Velázquez y, por
extensión, con el artificio del cuadro en el cuadro que corresponde a Hamlet de Shakespeare en el teatro (Riley, 1962/1988). Para entender cabalmente estos
aspectos remito al análisis del metateatro en Cervantes y Shakespeare de Jesús
G. Maestro como ejemplo de literatura sofisticada (2017-2022: 1975-1992).
La metaficción incluye casos de libros dentro de
otros libros: en el ámbito de la literatura en español la lista de los pseudobiblia es muy amplia y podría
incluir p. ej. Niebla de Miguel de
Unamuno, Muertes de perro y El fondo del vaso de Francisco de Ayala,
El móvil de Javier Cercas, Papel mojado de Juan José Millás, las
obras de Gonzalo Suárez y de Enrique Villa-Mata, El Club Dumas de Arturo Pérez-Reverte, La sombra del Viento de Carlos Ruiz Zafón y otras obras más
(naturalmente, todos los texto de Borges). La narrativa posmoderna incluye
muchísimos ejemplos de pseudobiblia
metaficticios: basta pensar en los textos de Vladimir Nabokov (McHale, 1987).
Este trampantojo puede crear efectos de duplicaciones
«en abismo» y vertiginosas, como se lee en el estudio de 1977 de Lucien Dällenbach,
cuyo análisis se articula a partir de los elementos heráldicos que André Gide
utiliza en su novela Les faux-monnayeurs
de 1925. Inevitablemente Dällenbach analiza también la inclusión de la primera
parte de Don Quijote de la Mancha de
1605 en su continuación de 1615 (Dällenbach, 1977/1991: 106-112) y afirma que
el texto no se pone como tal, sino como realidad (Dällenbach, 1977/1991: 112).
Creo que el mayor aporte de Dällenbach es su rigurosa clasificación de los
casos de mise en abyme (o en abîme), que son tales únicamente
cuando la narración enmarcada replica exactamente la narración de grado
superior. A la luz de estos razonamientos, me parece que el episodio que
aparece en I, 9 (que Dällenbach no analiza) no es un caso de literatura especular
ya que duplica la novela en las páginas que leemos; esta posibilidad revela que
no podemos hablar fácilmente de recursividad «en abismo» en el Quijote, al igual que lo que ocurre
en el caso de los Teoremas de Incompletitud[11].
Sea como fuere, Don Quijote de la Mancha se considera como la obra ejemplar de la
metaficción, como he resumido en las líneas anteriores; me limito a resumir el
análisis que se lee en un texto que analiza la metaficción en el cine moderno a
partir de los mecanismos narrativos de Don
Quijote de la Mancha, que podrían resumirse como: la ficción como juego; la
construcción en abismo; la existencia de mundos paralelos o simultáneos (o sea
el contraste entre realidad y ficción); las múltiples voces narradoras y el
gusto por la citación textual; la tematización del lector; el lector como
interlocutor del lector; la metalepsis (por ejemplo, en la perspectiva de
Cabrero, cuando el narrador sale de
la historia para contar el descubrimiento del cartapacio de Cide Hamete en el
mercado toledano); las referencias autotextuales; la parodia de género
(extra)literario y el uso de epígrafes (Cabrejo, 2015: 26-33).
Como se ve, en esta lista de Cabrejo aparecen
elementos que están relacionados con las ideas comunes sobre los Teoremas de
Incompletitud. Mis referencias a estos teoremas para confutar de forma
dialéctica las interpretaciones posmodernas —y no para repetirlas— tienen su
justificación concreta en Don Quijote de
la Mancha como se ve en el párrafo siguiente.
3
La paradoja del mentiroso en Don Quijote de la Mancha
El filósofo y matemático Douglas Hofstadter explica
que el Teorema de Gödel es una traducción al lenguaje lógico y matemático de la
Paradoja de Epiménides, conocida también como Paradoja del Mentiroso
(Hofstadter, 1979/1989: 20). Esta contradicción lógica cuya formulación es
«Esta afirmación es falsa» «Soy un mentiroso», o —en términos aún más simples—
«Estoy mintiendo» surge de la afirmación de Epiménides, quien —cretense él
mismo— afirmó que todos los cretenses eran mentirosos. Su aserción
autorreferencial y contradictoria podría entenderse como: «Todos los cretenses
son unos mentirosos y yo también». Eubulides de Mileto demostró aún más
claramente el carácter contradictorio de la proposición de Epiménides en el IV
siglo a. C., al formularla como dos frases que se contradicen recíprocamente:
«La afirmación que sigue es falsa» y «La afirmación que antecede es verdadera»
(Odifreddi, 2001: 134-136; Odifreddi, 2004: 30). Si consideramos que la
afirmación es falsa, es verdadera mientras que si afirmamos su falsedad la
adveramos. Este bucle lógico ha determinado la evolución de la lógica en Europa
durante siglos (Hofstadter, 1979/1989; Odifreddi, 2004).
Ahora bien, en Don Quijote de la Mancha aparece una versión de la Paradoja del
Mentiroso cuando Sancho es nombrado gobernador de la ficticia Ínsula Barataria
(Cervantes, 1615/2005: 936-937; Odifreddi, 2001: 142-145). Como se sabe, este
gobierno es una de las burlas que los Duques organizan para convencer a don
Quijote y a su escudero de que realmente están viviendo las aventuras típicas
de las novelas de caballerías. En esta experiencia, que nada tiene de Carnaval
o de Mundo al revés (Maestro, 2017-2022: 2940-2949), Sancho tiene que juzgar
pleitos y solucionar acertijos; en II, 51 uno de estos casos es un enigma muy
sutil y complejo: en un pueblo hay un río con un puente a cuyo extremo hay una
horca y un juzgado; los jueces interrogan a todos los que pasan por el puente:
los que dicen la verdad pueden pasar normalmente, mientras que los mentirosos
son ahorcados. Un día llega un joven que confiesa que quiere cruzar el río para
ahorcarse, lo que crea un bucle lógico: si los jueces aceptaran ahorcar al
hombre reconocerían que ha dicho la verdad, lo que lo salvaría. Si al revés lo
dejaran pasar a salvo, el hombre miente y hay que ahorcarlo. Después de
pensarlo bien, Sancho determina que el hombre se divida en dos partes y que se
salve una, pero se le hace notar que eso sería imposible; entonces el
gobernador de Barataria decide que el hombre viva, en nombre de la piedad[12].
La imposible solución que Sancho ofrece supone
que el joven sea vivo y muerto a la vez, al igual que lo que ocurre en el caso
del Gato de Schrödinger en el experimento mental que su inventor ideó en 1935
atrapado en una caja cerrada que está vivo y muerto al mismo tiempo. Piergiorgio
Odifreddi resalta que la versión de la paradoja que aparece en Don Quijote de la Mancha tiene
paralelismos con un cuento incluido en las Noches
áticas de Aulo Gelio (Odifreddi, 2001: 142). Este tipo de paradojas o insolubilia ha acorralado la lógica y el
lenguaje entre la espada y la pared durante siglos. Entre las soluciones a la
Paradoja del Mentiroso ideadas desde la Antigüedad clásica hasta hoy
(Odifreddi, 2001: 131-163; Odifreddi, 2004: 194) me interesa momentáneamente la
que ofrece el matemático y lógico Alfred Tarski, quién ideó un metalenguaje o
sea un lenguaje que se refiere a otro, conocido como lenguaje-objeto para
resolver la paradoja.
El concepto de «metalenguaje», término que Tarski
utilizó por primera vez en los años Treinta del siglo XX, deriva directamente
de los Teoremas de Incompletitud; en las décadas Cincuenta-Sesenta también Louis Hjelmslev y Roman Jakobson teorizaron de forma independiente un metalenguaje en lingüística
cuyo objeto es el lenguaje natural. El metalenguaje crea niveles y jerarquías,
como ya había intuido Bertrand Russel, antes de Tarski, en su introducción al Tractatus logico-philosophicus de Ludwig
Wittgenstein[13]. Entre 1931 y 1939
Tarski empezó a utilizar el concepto de metalenguaje para evitar los bucles de
la Paradoja del Mentiroso al colocar las afirmaciones de Epiménides y de
Eubulides en una especie de cajas chinas o muñecas rusas del pensamiento
(Odifreddi, 2001: 151-152; Odifreddi, 2004: 211-217). Basándose en los Teoremas
de Incompletitud de Gödel, que suponen la necesaria existencia de un
metasistema de nivel superior para referirse a otro de nivel inferior, Tarski
se dio cuenta de que un lenguaje no puede hablar de sí mismo. En otras
palabras, un lenguaje no puede ser autorreferencial. Sin embargo, otro lenguaje
puede hablar del lenguaje-objeto «desde fuera». Si aplicamos estas jerarquías a
la Paradoja del Mentiroso notamos que la afirmación «Estoy mintiendo» no tiene
solución, efectivamente; pero logramos demostrar su verdad al distinguir entre
dos niveles del lenguaje y reformulando la aserción en estos términos:
Fulano dice
(enunciación): → «Estoy mintiendo» (enunciado-objeto)
A su vez el metalenguaje puede ser el
lenguaje-objeto de otro lenguaje de nivel superior y admitir un
metametalenguaje que sea objeto de un metametametalenguaje y así sucesivamente ad infinitum; también hay una
metamatemática y una metalógica. Verdad es que las teorías de Tarski tienen
muchas limitaciones: en particular, el metalenguaje sí funciona en el ámbito
matemático, pero no funciona si lo aplicamos al lenguaje natural (nuestro
lenguaje cotidiano que utilizamos en continuación en el día a día), ya que el
metalenguaje y el lenguaje-objeto coinciden, como resalta Gustavo Bueno
(Maestro, 2017-2022: 647). Ya Ludwig Wittgenstein vio las dificultades de este
razonamiento al imaginar unas reglas cuyo fundamento es un sistema de
metarreglas cuyo fundamento es un sistema de metametarreglas y así
indefinidamente, en una regresión al infinito (Odifreddi, 2001: 190).
La solución de Sancho a la versión cervantina de
la Paradoja del Mentiroso puede interpretarse de diferentes maneras: por
ejemplo, su propuesta de dividir el joven en dos seres distintos puede
inspirarse de la interpretación de Aristóteles, quien solucionó la paradoja
demostrando que una proposición puede parecer falsa y verdadera simultáneamente
porque en ella hay dos aspectos diversos, uno verdadero y otro falso
(Odifreddi, 2001: 144). Por supuesto no podemos atribuirle a Cervantes el
conocimiento previo de los Teoremas de Gödel o del metalenguaje; sin embargo,
la inclusión de la Paradoja de Epiménides en su obra principal sugiere la
existencia de unos vínculos entre los textos «en abismo» o autorreferenciales y
las contradicciones lógicas. Me refiero al metalenguaje de Tarski solo para
suponer que la solución de Sancho en II, 51 anticipa los razonamientos de los
lógicos y filósofos modernos (Odifreddi, 2001: 145-163) que pueden resumirse
así: la paradoja de la aserción autorreferencial y contradictoria o se vincula
a la realidad empírica (mediante el metalenguaje, la distinción entre uso y
mención etc.), o es falaz ya que consta de argumentaciones equivocadas[14].
Sancho ofrece una solución práctica a un bucle
lógico; mi conjetura es que esta circunstancia propone que no hay que tomar en
serio el rompecabezas del libro dentro del libro. Siguiendo el ejemplo de
Sancho, en las líneas que siguen utilizaré las jerarquías y los niveles de los
Teoremas de Incompletitud de 1931 aplicados a la metaliteratura para intentar
disipar las posibilidades de que la realidad y la ficción se confundan o de que
la ficción pueda suplantar a la realidad.
4
El manuscrito encontrado en Toledo
Ahora bien, voy a hacer una especie de
experimento mental al aplicar las jerarquías y los bucles que derivarían de los
Teoremas de Incompletud a los principales episodios metaficticios en Don Quijote con el fin de someter a
crítica las interpretaciones posmodernas. Para empezar, analizo la adquisición
del cartapacio de Cide Hamete en que se cuentan las aventuras del caballero
manchego (en árabe), que se describe en el I, 9: a primera vista este episodio
podría ser un caso de metaficción o de metalepsis en que el supuesto autor de
la novela se introduce en la narración y el libro se refiere a sí mismo. Sin
embargo, si a este episodio aplicamos las jerarquías de los teoremas de Gödel
(que justificarían la estructura de cajas chinas en la opinión de McHale y
otros) y el concepto de metalenguaje (en su sentido de lenguaje de nivel
superior que habla de un lenguaje-objeto de nivel inferior), estamos en
condiciones de dar otra interpretación del episodio del descubrimiento del
cartapacio de Cide Hamete en el Alcaná de Toledo que se cuenta en I, 9.
En realidad, lo que leemos es que: Cervantes (el
autor real) escribe que un narrador (que es un personaje ficticio) describe el
hallazgo del manuscrito en árabe. Este texto ficticio narra las aventuras de
Don Quijote y Sancho. A la luz de esta interpretación, en I, 9 la novela Don Quijote de la Mancha no es
autorreferencial ya que no cuenta las circunstancias de su propia gestación
editorial; en otras palabras: la novela cervantina no se refiere a sí misma
dentro de sí misma, sino que un personaje de la narración cuenta cómo ha
encontrado el manuscrito de Cide Hamete. Además, me parece que no hay un
movimiento hacia atrás del manuscrito al autor real ya que el texto de Cide
Hamete cuenta la historia de Don Quijote y no la vida de Miguel de Cervantes
autor de Don Quijote de la Mancha. En
el escrutinio de la biblioteca, el cura y el barbero aluden a Cervantes
únicamente como autor de La Galatea
de 1585.
A pesar de sus limitaciones, me parece que la
idea de metalenguaje se aplica también a II, 3, el momento en que Don Quijote y
Sancho aprenden que son personajes de un libro, comentan la primera parte y
aluden a su continuación; como esta alusión se hace en la segunda parte, esta
situación es el caso más evidente de metaficción o de metaliteratura en Don Quijote de la Mancha. nótese que los
personajes hablan de este libro, pero
nunca lo leen (diferentemente a lo
que ocurre en II, 59 en que los personajes leen el libro de Avellaneda), lo que
indica que estamos en presencia de un caso de metalenguaje, no de metaficción.
Efectivamente, los personajes cervantinos se
enteran de que Cide Hamete ha escrito el libro y aprenden que una especie de
editor ha encargado a un morisco la traducción del texto al castellano (en que
ellos son entes ficticios), pero nada saben de Cervantes. En su mente, el Quijote es una historia verdadera y
no es una novela de entretenimiento; en este mundo ficticio, Miguel de Cervantes
solo es el autor de La Galatea,
novela pastoril de 1585 que el cura y el barbero
descubren en su escrutinio de la biblioteca de don Quijote en I, 6.
Podemos representar esta estructura de la siguiente forma:
En este sistema de jerarquías los marcos de nivel
superior permiten hablar de los que son de nivel inferior, pero es imposible
hacer lo contrario. Como hemos visto, las popularizaciones de los Teoremas de
Gödel se utilizan para explicar el juego de cajas chinas en las ficciones
posmodernas; sin embargo, si aplicamos rigurosamente la lógica de las
jerarquías nos damos cuenta de que, en el nivel o círculo de la realidad
ficticia de los personajes, el autor del libro en que ellos mismos figuran como
personajes no es Miguel de Cervantes Saavedra: en su opinión este autor es
únicamente Cide Hamete Benengeli. Creo que la interpretación de la obra
autorreferencial acaba disipando la idea del recurso narrativo del libro dentro
del libro en que los personajes se preguntan si el autor escribirá una
continuación en el mismo texto que este autor está redactando, en vez de corroborarla.
En este caso el autor real no entra en el discurso metaficcional (ni siquiera la
alusión del cura a su conocimiento de Miguel de Cervantes significa que el
autor real entre en su texto).
Siguiendo las jerarquías que los Teoremas de Gödel inspiran, entendemos que hay otro nivel, esta vez de tipo inferior, en que el cura lee la Novela del curioso impertinente que es un texto enmarcado en el texto principal: Jorge Luis Borges afirmó algo parecido al señalar en las páginas de El Hogar que la inclusión del relato que el cura lee en la venta de Palomeque no es un caso de literatura «en abismo», sino que es un caso afín a la situación en que una persona canta o lee un texto en voz alta en la vida real. Afirma Borges que «los dos planos —el verdadero y el ideal— no se mezclan» (Borges, 2002: 433).
Me parece que estas alusiones a planos diferentes
son afines a mi discurso sobre las jerarquías que derivan de los Teoremas de
Incompletitud de 1931.
Quizás la demostración más eficaz de las
relaciones de Don Quijote de la Mancha
con el Teorema de Gödel sea la obra imposible Vida de Ginés de Pasamonte, que su autor —el ladrón y embustero
Ginés— no podrá terminar mientras viva: efectivamente, esta autobiografía es
imposible a causa de su naturaleza autorreferencial, sin embargo otro texto de
nivel superior —concretamente: Don
Quijote de la Mancha— puede hablar de ella e incorporarla a sus páginas (lo
que hace posible que los lectores de Cervantes nos enteremos de la existencia del
libro de Ginés. Su existencia en el mundo real no es que una ilusión)[15].
Nótese que la conjetura que propongo no se opone
al sistema retórico de los autores ficticios de Don Quijote de la Mancha (Maestro, 2017-2022: 2620-2644): solo digo
que estos autores-personajes se colocan en niveles diferentes (ninguno coincide
con la realidad de los lectores de la novela, al que los personajes no
acceden).
Mi opinión es que el anhelo a la
autorreferencia de las obras metaliterarias es precisamente lo que demuestra su incapacidad de
referirse a sí mismas. Las piezas de teatro de Luigi Pirandello o las películas
italianas 8 e ½ de Federico Fellini
(1963) y Sogni d’oro de Nanni Moretti
(1981) ejemplifican los límites que una obra de arte tiene al pretender
referirse a sí misma dentro de sí misma.
Las películas que cuentan las historias de directores de cine que intentan
explicar las películas que están rodando a través de estas mismas películas
solo muestran la necesidad de que otro sistema de nivel superior se refiera a
sus obras. La conciencia que estas obras tienen de su estructura de cajas
chinas y de su naturaleza de textos dentro de otros textos (que pueden o no
duplicar «en abismo» el texto en que están enmarcados) es precisamente la razón
de su inexistencia como obras o textos en el mundo real.
A la estructura de cajas chinas o de muñecas
rusas de las ficciones posmodernas se refiere Brian McHale en su texto Postmodernist Fiction (McHale, 1987:
114-130); la interpretación de los Teoremas de Incompletitud que ofrece el
filósofo y matemático Douglas Hofstadter es el eje gravitatorio de su análisis[16].
5
Gödel, Hofstadter, McHale
El texto en que Brian McHale saca a colación las
páginas de Hofstadter, Postmodernist
Fiction, es una especie de recopilación de todas las técnicas de la
narrativa posmoderna que el autor reúne para respaldar su idea de la dominante
ontológica, posmoderna, que ha suplantado a la dominante epistemológica, propia de la ficción moderna
(McHale, 1987: 59)[17].
McHale enumera los mecanismos de este tipo de ficción, entre los que figuran
también la metaficción, las construcciones «en abismo» y la metalepsis que es
una infracción, una transgresión de los niveles narrativos y de las jerarquías
personaje-autor (por ejemplo, en el relato Continuidad de los parques, en que
el personaje de una novela irrumpe en el mundo de su lector y lo mata: Genette,
1972). McHale prefiere emplear la expresión «Strange Loops» (bucles extraños)
de Hofstadter más bien que referirse a la metalepsis de Genette (McHale, 1987:
119). En sus palabras:
Recursive structures may raise the specter of a vertiginous infinite regress. Or they may dupe the reader into mistaking a representation at one narrative level for a representation at a lower or (more typically) higher level, producing an effect of trompe-l’oeil. Or they may be subjected to various transgressions of the logic of narrative levels, short-circuiting the recursive structure. Or, finally, a representation may be embedded within itself, transforming a recursive structure into a structure en abyme. The consequence of all these disquieting puzzles and paradoxes is to foreground the ontological dimensions of the Chinese box of fiction (McHale, 1987: 114).
Este tipo de listas es afín a las características
que Joseph Hillis Miller reúne para definir la literatura posmoderna en su obra
de 2014 Communities in Fiction (Hillis
Miller, 2014: 266-267); para este crítico las características son: el pastiche;
la parodia de estilos anteriores; la alusión; la falta de profundidad y de
afecto; el debilitamiento del autor omnisciente (en favor del uso de un autor
«telepático»); la discontinuidad; los cambios temporales «prepósteros» por
medio de metalepsis, prolepsis o analepsis; el uso de historias intercaladas
(narradas por otros personajes en el texto); desviaciones y bruscos cambios de
registro o tono; historias detrás de la historia principal; anti-realismo,
alucinaciones y surrealismo; realismo mágico; el uso exuberante, hiperbólico de
la comedia y de la farsa; la presencia de una historia como marco en que se
cuenta otra historia (notablemente, la principal); especial atención a los
desamparados y desdichados; atención a la auto-destrucción autoinmune de la que
habla Derrida; la toma de decisiones éticas como problema; elementos de
ficcionalidad o virtualidad de la narración hacia sí misma, eso es: la
narración se plantea preguntas sobre su existencia y función social.
Como demuestra Jesús G. Maestro estas
características pueden aplicarse a cualquier texto de cualquier autor (Maestro,
2017-2022: 2459). Si se acepta el punto de vista de Joseph Hillis Miller,
también un código de barras es un texto posmoderno (Maestro, 2017-2022:
2457-2476). Más en general, Maestro demuestra que la inclusión de la novela El coloquio de los perros de Cervantes
de 1613 en un grupo de narraciones proto-posmodernas por parte de Hillis Miller
y la aproximación de la novela ejemplar a La
integración secreta de Thomas Pynchon (The
Secret Integration, 1964) carecen de todo sentido.
Me parece que al evocar a Gödel para hablar de
cajas chinas, o al aludir al trampantojo de los textos al cuadrado, incorporados
a otros textos (o sea, los pseudobiblia:
de Merich, 2006), Brian McHale y Joseph Hillis Miller no se limitan a afirmar
que un rasgo de narrativa posmoderna es que la ficción puede extenderse a la
realidad, sino que asienten efectivamente a esta posibilidad. Ya he aludido a
los libros (no a las narraciones) que aparecen en Don Quijote de la Mancha, p. ej. la autobiografía de Ginés de
Pasamonte, la pseudo-traducción de Le
Bagatele-Los juguetes o los los epitafios de los Académicos de Argamasilla
que aparecen en I, 52 (de Merich, 2006 y 2021). En estos trabajos resalto
también que el artificio del libro dentro del libro no aparece solo en Don Quijote de la Mancha (pensemos en
los tratados del que el primo humanista escribe en la segunda parte de la
novela), sino también en otras obras cervantinas: me refiero a la novela
ejemplar El coloquio de los perros.
Otro caso es el primer capítulo del cuarto libro de Los trabajos de Persiles y Sigismunda de de 1617, en el que los
personajes conocen en un mesón a un extraño autor de una colección de aforismos
y contribuyen a la redacción de este texto ficticio que aparece en la novela
que estamos leyendo.
En clave posmoderna los pseudobiblia serían una infiltración de la ficción en la realidad,
o representerían la autojustificación de la ficción gracias otras ficciones; al
contrario, en la línea interpretativa planteada en Crítica de la razón literaria de Jesús G. Maestro (2017-2022) la
idea de una invasión de la realidad por parte de la ficción no tiene sentido
alguno. En esta teoría es cierto que la ficción necesita inevitablemente la realidad
para existir (Maestro, 2017-2022: 823-893), pero esta relación no es recíproca
ya que la frontera entre la realidad y la ficción es permeable únicamente en
una dirección. De este punto deriva la demostración de otra falacia posmoderna
que es la justificación de la ficción a partir de otras ficciones: solo la
realidad puede justificar la ficción, diferentemente a lo que afirma el arte
posmoderno (Maestro, 2017-2022: 868-873).
De los dos puntos que acabo de resumir se colige
que el personaje ficticio no tiene posibilidad alguna de existir en el mundo
real (otra confusión de la posmodernidad): en el mundo interpretado (Mi)
el personaje ficticio no tiene facultades operatorias, o sea que no puede
manipular la materia, lo que podemos hacer solo nosotros, los entes reales.
(Maestro, 2017-2022: 862-864; 1999-2000; 2110-2115). Por último: el intérprete
o el transductor no puede acercarse al texto literario como si fuera un autor o
un personaje de una obra posmoderna, dudando de su propia existencia o escribiendo
su trabajo crítico como si fuera Jorge Luis Borges, el autor de ensayos que son
cuentos o de cuentos que son ensayos (Maestro, 2017-2022: 444-445).
Estas distancias entre la posmodernidad y las
tesis de Crítica de la razón literaria
—amén de muchas más que no puedo resumir en estas páginas— revelan que la
realidad y la ficción tienen límites que no se pueden confundir o franquear
libremente.
6
Una mirada hacia los mundos posibles «imposibles»
Quizás más que a los críticos la idea de Don Quijote de la Mancha como una obra
metaficcional, autorreferencial y recursiva por excelencia se deba a las obras
de Miguel de Unamuno —en particular a su Vida
de don Quijote y Sancho, en que el filósofo salmantino postula que fue Don
Quijote quien inventó a Cervantes— y los textos de Jorge Luis Borges, como Pierre Menard autor del Quijote y Magias parciales del Quijote, en que el
escritor argentino sugiere que los lectores de Don Quijote de la Mancha seamos personajes ficticios al igual que
Don Quijote y Sancho o Hamlet, han tenido mayor relevancia que los ensayos de
los críticos a la hora. Otro texto fundamental es Tlön, Uqbar, Orbis Tertius en que unos textos empiezan a crear un
mundo de invención hasta que el mundo actual de los lectores se convierte en
Tlön; Jean Baudrillard describe la colonización de lo real por parte del
simulacro en términos parecidos (Baudrillard, 1981: 10).
A este tipo de cruce entre filosofía y crítica
literaria podría pertenecer la teoría de los mundos posibles, aunque no
mencione explícitamente a Gödel. Esta teoría, que supone la validez ontológica
de los mundos ficcionales, se ha desarrollado a partir del pensamiento de
Leibniz y de filósofos como Samuel Kripke, David K. Lewis, Nicholas Rescher y
Jakko Hintikka. Posteriormente Lubomir Doležel, Umberto Eco y Thomas G. Pavel
han profundizado en la ontología de los mundos posibles (Doležel, 1998; Eco,
2002; Pavel, 1989), introducida en España a través de los trabajos de Tomás
Albaladejo Mayordomo (1998). En breve: los textos de ficción crean mundos que
son semánticamente diferentes al mundo real (el mundo de referencia del
lector). Estas teorías exploran la comparación en términos de verdad o falsedad
y coherencia respecto al mundo de referencia o actual; estas reglas de
coherencia abarcan tanto a los aspectos espacio-temporales como a la inclusión
de trasuntos literarios de personajes históricos (p. ej. Richelieu en las
novelas de Dumas) que interactúan con personajes completamente ficticios (Pavel,
1989). Sin ir más allá en el tema de los mundos posibles, de los que la crítica
de la razón literaria prescinde (Maestro, 2017-2022: 825, n. 4, y 2590, n. 42).
En su texto de 2015 Alfonso Martín Jiménez
propone una clasificación de los géneros literarios y —en el ámbito más general
de las tipologías de mundos posibles en literatura— intenta explicar los casos
en que se produce una ruptura de la lógica ficcional o una infracción de los
niveles. Esta ruptura coincide con la metalepsis de la que habla Genette.
Martín Jiménez desarrolla su análisis a partir de las figuras imposibles de Escher,
uno de los autores que aparecen en el texto de Hofstadter. Además, en el grupo
de textos que Martín Jiménez analiza, además de Julio Cortázar y Luigi
Pirandello, figuran el poema de Valmiki, Niebla
de Miguel de Unamuno, Don Quijote de la
Mancha etc., eso es: los mismos textos a los que alude Borges en su Magias parciales del Quijote. Estos
autores y obras son ejemplos de mundos posibles que son imposibles porque su
universo interno es incoherente (Martín Jiménez, 2015: 233) y que podrían
representarse como el conocido triángulo de Penrose o la litografía Belvedere de Escher de 1958. (Martín
Jiménez, 2015: 233-297).
Esta incoherencia se debe precisamente a una
infracción entre unos espacios que Martín Jiménez llama el «mundo del autor» y el
«mundo de los personajes» (Martín Jiménez, 2015: 251)[18].
Aunque las matrices lógicas y filosóficas de la
teoría de los mundos posibles sean diferentes a las que he tratado hasta ahora,
me parece que hay puntos de contacto y paralelismos con otras interpretaciones
críticas que utilizan niveles y jerarquías. En el caso específico de Don Quijote de la Mancha (Martín
Jiménez, 2015: 251-262), este crítico afirma que Miguel de Cervantes, el autor
real de la novela, no se relaciona nunca ni con Don Quijote, ni con Cide Hamete
Benengeli (Martín Jiménez, 2015: 251); a continuación, traza diferentes
esquemas para ilustrar los mecanismos mediante los que el personaje (sic) de Cervantes se integra con el
mundo de los personajes ficticios hasta ficcionalizarse él mismo.
La conclusión de Martín Jiménez es pues que:
Cervantes no llega a relacionarse directamente con don Quijote ni con Cide Hamete, pero sí con la biografía que este ha escrito sobre aquel, que llega a sus manos, así como con el morisco aljamiado (Martín Jiménez, 2015: 254).
El problema es que las razones que Martín Jiménez
aduce para justificar la infracción entre el mundo del autor y el de los
personajes son, me parece, unos postulados como por ejemplo la identificación del
Miguel de Cervantes autor de la novela con el segundo autor que aparece en I, 9:
para Martín Jiménez, el escritor alcalaíno es efectivamente el primer y el
segundo autor que aparecen en la narración y los hechos narrados se presentan
como si fueran acontecimientos autobiográficos de Cervantes (Martín Jiménez,
2015: 253-254). Me parece innecesario explicar que el narrador que aparece I, 9
no es Miguel de Cervantes: entre la vasta bibliografía sobre este tema
selecciono los trabajos de Jesús G. Maestro (1995: 132-133) y de Santiago
Fernández Mosquera (1986).
Para resumir: Martín Jiménez llega a afirmar que
la novela cervantina es un mundo posible incoherente porque para el lector el
texto definitivo coincide con el del propio Cervantes; por eso el escritor
alcalaíno sería a la vez autor y personaje de su obra (Martín Jiménez, 2015:
258-259). Me parece que la incoherencia está más en este razonamiento que en la
infracción entre dos mundos. Las teorías de Martín Jiménez funcionan en el caso
de otros textos, p. ej. Niebla de
Unamuno (1914) o El amigo Manso (1882)
de Galdós, sin embargo creo que no sirven en el caso de Don Quijote debido a que están basadas en razonamientos circulares
o en la afirmación de temas que son controvertidos, como si Cervantes es o no
el segundo autor ficticio que aparece en I, 9. Como he intentado explicar, si
no se hace esta identificación el episodio en I, 9 se despoja de su carácter
metaficcional el mundo posible-imposible que Martín Jiménez postula desaparece
ya que esta situación es afín a los casos en que los personajes de un texto leen
otro texto (lo que Borges afirma en el caso de la Novela del curioso impertinente).
Aunque no se refiere a Kurt Gödel, he mencionado
a Alfonso Martín Jiménez porque su teoría de la ruptura de los niveles
ficcionales en Don Quijote de la Mancha
está basada en la noción de autorreferencialidad que se hace derivar comúnmente
de los Teoremas de Incompletitud para hablar de metaficción. La comparación
entre la ontología de los mundos posibles y las teorías que se plantean en Crítica de la razón literaria puede ser
interesante: vamos a comparar el momento en que los personajes comentan la
primera parte de 1605 en II, 3 con su lectura de la continuación apócrifa de
Alonso Fernández de Avellaneda en II, 59 (cuando Don Quijote se entera de la
existencia de la continuación rival), para entender un principio fundamental. En
II, 3 el caballero manchego perdona los errores del autor árabe y del editor
cristiano que lo han convertido en un personaje de ficción; sin embargo, a
partir de II, 59 Don Quijote desautoriza a Avellaneda y su libro de forma
agresiva. Los efectos de su invectiva son el cambio de rumbo (de Zaragoza a
Barcelona) y el encuentro con don Álvaro Tarfe, personaje de la novela de
Avellaneda que acaba admitiendo la total falsedad del protagonista de la
continuación apócrifa de 1614[19]. La diferencia entre los
dos episodios demuestra los problemas de la ontología de los mundos posibles y que
existe un límite infranqueable entre la ficción y la realidad, de acuerdo con
lo que se lee en Crítica de la razón
literaria. Si bien se mira, la continuación de Avellaneda pertenece a la
realidad: su trasunto ficticio (o sea la novela que los personajes de Cervantes
leen efectivamente) se introduce en la segunda parte cervantina y determina el
cambio de rumbo del protagonista. Además, en el texto cervantino de 1615 los
personajes ficticios no interactúan operatoriamente (para este concepto:
Maestro, 2017-2022: 862) con la continuación de Avellaneda (que es real) mientras
que sus acciones y decisiones no tienen efecto alguno sobre este texto, eso es:
la decisión de Don Quijote de ir a Barcelona no influye sobre la continuación
de Avellaneda. El análisis de las relaciones entre ficción y realidad puede
leerse en Crítica de la razón literaria
(Maestro, 2017-2022: 823-886).
7
Conclusión
Hemos visto que algunos críticos aplican las
popularizaciones más comunes de los Teoremas de Gödel a Don Quijote de la Mancha para analizar sus principales elementos de
metaficción, o sea el libro autoconsciente y autorreferencial (en 1605) y el
libro dentro del libro (en 1615); estas interpretaciones justifican una
explicación de la narrativa posmoderna en términos de tradición cervantina
(Cercas, 2016). Sin embargo, me parece que estas analogías revelan más bien lo
contrario, o sea que —gracias precisamente al sistema de jerarquías y niveles—
los personajes ficticios solo tienen acceso a un texto cuyo autor es Cide
Hamete Benengeli. En sus mentes la existencia de un hombre existido en el Siglo
de Oro, llamado Miguel de Cervantes Saavedra, soldado en la batalla de Lepanto
y autor de Don Quijote de la Mancha
es una información que estos personajes ignoran completamente y a la que no
pueden acceder. Si seguimos esta lógica descubrimos que en el universo ficticio
de Don Quijote, Sancho, Carrasco y la Duquesa, no se afirma nunca que Cervantes
sea el autor real de la novela, hombre de carne y hueso que vive en el mundo en
que vivimos los lectores y que coincide con un nivel superior jerárquicamente.
A mi modo de ver, las jerarquías que están
inspiradas de los trabajos de Gödel son una herramienta útil para orientarse
entre los diferentes niveles de la narración y oponerse a la invasión de la
realidad por parte de la ficción que la posmodernidad admite. En el caso del
hallazgo del cartapacio en árabe en I, 9, una lógica afín al metalenguaje
disipa la idea de metalepsis al imaginar que un nivel superior incluye a otro,
inferior, al igual que una caja encierra a otra. No hay ninguna confusión
posmoderna entre ficción y realidad al respecto.
En el caso de la versión de la Paradoja de
Epiménides, la solución que Sancho ofrece que aparece en II, 51 podría ser un
indicio de que Cervantes se está burlando de una filosofía vacía y estéril. Al
igual que en el caso de la parodia de las novelas de caballerías como crítica
del idealismo (Maestro, 2017-2022: 2675-82 y 2927-28), Cervantes parece decirnos
que la razón y la lógica no pueden ocuparse de forma estéril de problemas
abstractos que están completamente desconectados de la realidad concreta, en
vez de ser una forma materialista de pensar (Maestro 2017-2022: 90-91).
Quizás la solución de Sancho a la Paradoja del
Mentiroso sea una clave para interpretar el hallazgo del manuscrito de Cide
Hamete, episodio que es una burla del tópico del manuscrito encontrado y
traducido que figura en las novelas de caballerías y en la Historia de las guerras civiles de Granada de Ginés Pérez de Hita
(Riley, 1962/1988: 314-325). Es claramente imposible que la narración del texto
de Cide Hamete empiece justo en el punto donde el primer núcleo (o sea: el
relato de los anales manchegos) se había interrumpido en I, 8. A fin de
cuentas, un texto que describe su propia gestación textual es una paradoja muy
afín a la del mentiroso en la lógica. Es mi opinión que Cervantes parece utilizar
los textos metaficticios y el sistema retórico de la polifonía de los autores
ficticios (Maestro, 2017-2022: 2620-2674) para dirigirse contra el cerebralismo
estéril: piénsese por ejemplo en el juego de muñecas rusas con que Cervantes se
burla de los mecanismos que él mismo ha ideado al aludir en II, 44 a un
ur-texto original en que se lee que, llegado a escribir este capítulo, Cide
Hamete se lamenta de que no puede insertar más historias intercaladas en la
narración; además, en este mismo pasaje se alude a que el narrador no tradujo
fielmente esta queja del autor (Cervantes, 1615-2005: 876). Ya en el siglo XIX
Clemencín se preguntó cómo podía leerse en el propio original de la historia
que su intérprete no lo había traducido fielmente[20].
En mi opinión Cervantes nos dice que sus juegos
de cajas chinas solo son un trampantojo; este artificio merece claramente la
atención de los críticos, pero me parece que los intérpretes posmodernos se
meten en un laberinto e imitan al hidalgo manchego que se enfrasca en la
lectura de las novelas de caballerías hasta confundir los límites entre
historia, realidad y ficción. Si bien se mira, la idea de que la obra cumbre de
Cervantes es el repertorio de todas las técnicas metafictivas (Sobejano Morán,
2003: 30) puede ser un espejismo, ya que el autor se está burlando de las
técnicas típicas de la literatura caballeresca, efectivamente.
Para concluir: puede que el intento de confundir
la realidad y la ficción propio de la posmodernidad —y su propuesta de evadir
de la realidad o que alguien nos esté leyendo como si fuéramos personajes de un
libro— sea otra versión del idealismo. Sin embargo, según parece, en nuestro
mundo real la cuarta pared no está rota ni tiene hendiduras.
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____________________
NOTAS
[1] No
hay que olvidar que en la obra de Miguel de
Cervantes está contenido el genoma de la literatura: lo que no está en
Cervantes no está en ésta (Maestro, 2017-2022: 1975).
[2] El episodio más conocido es el capítulo I, 9 en
que se cuenta el descubrimiento del libro en la misma narración que leemos, eso
es: el texto original escrito en árabe cuya narración se reanuda precisamente
en el episodio con que se concluyen los testimonios manchegos (la batalla
contra el escudero vizcaíno).
[3] Es opinion de Hutcheon que «the reader or the act of reading itself become
thematized parts of the narrative situation, acknowledged as having a
co-producing form» (Hutcheon, 1991: 37).
[4] La vocación posmoderna de Javier Cercas está resumida en la introducción a
Soldados de Salamina de Domingo
Ródenas de Moya, quien reconstruye la trayectoria del escritor y su deseo de
ser un autor de obras antirrealistas, antisentimentales y lúdicas al igual que
Borges, Gonzalo Suárez y otros escritores. La metaficción como eje gravitatorio de la posmodernidad cercasiana es
evidente en El móvil, novela de 1987.
Para Ródenas de Moya Soldados de Salamina
representa la evolución cercasiana de una narrativa autocomplaciente,
narcisista y autorreferencial a una posmodernidad que se casa con el compromiso
político, social, ecológico etc. (Ródenas de Moya, 2017: 9-172). Javier Cercas
es también autor de textos de teoría literaria: para un enfrentamiento crítico
a estas (inconsistentes) teorías cercasianas es imprescindible la lectura de
los textos de Ramón Rubinat de Parellada (2014).
[5] En El Hacedor de 1946 Borges alude al mapa ficticio que coincide
perfectamente con el territorio que representa, y lo atribuye al texto apócrifo
Viajes de varones prudentes, Libro
IV, cap. XLV, Lérida, 1658 cuyo autor, Suárez Miranda, no existe (Borges se
inspiró de una idea que Josiah Royce formuló en 1899). Me atrevo a añadir un ejemplo más: en el belén napolitano figura el
pastor Benino, hombre o niño dormido que está soñando con el mismo belén en el
que él duerme y en que se sueña a sí mismo mientras está durmiendo en el belén
con que está soñando. Una posibilidad es que si Benino despertara, el belén
desaparecería inmediatamente: esta situación puede recordar la escena de A través del espejo y lo que Alicia encontró
allí (Through the Looking-Glass, and
What Alice Found There, 1871) de Lewis Carroll en que los gemelos informan
a Alicia de que todos se encuentran en el sueño dentro de un sueño que el Rey
Rojo está teniendo en aquel momento: si el Rey Rojo se despertara, el universo
se disolvería y Alicia se apagaría como si fuera una vela. Borges utilizó este
episodio como epígrafe para su relato Las
ruinas circulares; el lector de Carroll descubrirá que la experiencia a
través del espejo no es más que un sueño de Alicia, lo que significa que la
joven sueña con que el Rey sueña con ella.
[6] Noto
que Alonso Fernández de Avellaneda tuvo una intuición parecida en el capítulo
24 de su continuación apócrifa, en que un estudiante narra cómo ha conocido a
Don Quijote e introduce la primera parte de 1605 en el texto de 1614 (Fernández
de Avellaneda, 1614-2014: 207). Sea como fuere, Avellaneda no pensó en incluir
el libro en el libro
[7] McHale escribe
que «The Chinese-box
structure of Don Quixote, Borges has
said, implied that we, too, are fictional characters, and that our reality is
as much a fiction as Quixote’s is; hence the continuing fascination of this
text for generations of readers»: McHale, 1987: 130)
[8] Además de darle respuesta a David Hilbert, Gödel demostró
la falacia de Principia Mathematica,
la obra con que Bertrand Russell y Alfred North Whitehead se proponían
solucionar los mayores problemas matemáticos de su época (Hofstadter, 1979/1989:
19). Una interpretación de los Teoremas de Gödel sería que ninguna de las
aseveraciones sobre la teoría de los números que están contenidas en los Principia Mathematica puede ser
demostrada mediante el mismo sistema de los Principia
Mathematica (Hofstadter, 1979/1989: 20). Gödel arrasó el edificio
intelectual de Russel y Withehead de una forma parecida a la que anteriormente
hizo el mismo Russell al inventar su Paradoja del Barbero para demostrar que la
Teoría de los Conjuntos es contradictoria, lo que causó la desesperación de su
enunciador, Gottlob Frege, en 1902. Este barbero afeita a todos y solo a todos
los habitantes que no se afeitan a sí mismos. ¿Quién afeita a este barbero?
[9] La
diferencia entre el lector y el crítico o intérprete es que el primero
interpreta para sí, el segundo interpreta para los demás (Maestro, 2017: 444).
[10] Añado
que en Quichotte de Salman Rushdie, la secuencia de los siete
valles (que determina el viaje de formación del protagonista Quichotte) está
sacada de El coloquio de los pájaros
del persa Farad-ud-Din-Attar. Ahora bien, curiosamente este poema está
mencionado en el relato El acercamiento a
Almotásim de Borges (otro texto que, para Javier Cercas, inaugura la
literatura posmoderna: Cercas, 2016: 32-36). Rushdie no explica esta referencia
a pesar de que él mismo declaró hace más o menos una década, en una
conversación con Peter Florence (promotor cultural y fundador del Hay Festival)
que Ficciones había abierto las
puertas de su mente.
[11] Menciono
algunos trabajos sobre las duplicaciones «en
abismo» en Don Quijote de la Mancha:
Charles Oriel analiza las relaciones que existen entre el texto cervantino de
1605 y la historia de Cardenio (Oriel,1990): el autor destaca que el cuento
interpolado de Cardenio duplica las técnicas y los mecanismos narrativos de Don Quijote de la Mancha, el texto en
que este cuento figura, ya que la estructura fragmentaria del relato repite la
del texto en que se encuentra ubicado. Oriel utiliza las nociones de metalepsis
de Gérard Genette (o sea: una infracción, una transgresión de los niveles
narrativos y de las jerarquías personaje-autor) y el ensayo-cuento Magias parciales del Quijote de Jorge
Luis Borges como conceptos clave para el entendimiento de su análisis. En otro
caso el hispanista suizo Georges Güntert sobre la Novela del curioso
impertinente como ejemplo de «mise en abyme» de Don Quijote (Güntert, 2006); Güntert resalta que el cuento del Curioso impertinente es una «mise en
abîme» de Don Quijote de la Mancha en
lo que se refiere al enunciado, a la enunciación y al código de la narración
interpolada en la que Camila es una especie de autor-narrador (Güntert, 2006:
220).
[12] Daniel Eisenberg nota que en Don Quijote de la Mancha hay dos paradojas evidentes (además de
otras, que él descubre poco a poco): la imposibilidad para Ginés de Pasamonte
de concluir su Vida ya que el libro
coincide con su existencia y esta anécdota del río y del joven que pide se
ahorcado, cuya estructura repite la paradoja de Epiménides de Creta,
(Eisenberg, 1987/1995: 172).
[13] Efectivamente, quien ideó el término
«metalenguaje» para designar un lenguaje que habla de otro lenguaje fue el
lógico Rudolf Carnap en 1931, aunque anteriormente Lewis Carroll había introducido
este concepto al imaginar un diálogo entre Aquiles y la Tortuga (personajes de
una conocida paradoja de Zenón de Elea: Odifreddi, 2001: 186-190).
[14] En su Storia apocrifa di un mentitore
Piergiorgio Odifreddi explica que las explicaciones de Gödel y de Tarski no
representaron la solución definitiva de la paradoja (Odifreddi, 2001: 147-163):
menciono el caso del lógico Saul Kripke (Odifreddi, 2001: 149-151; Odifreddi,
2004: 217-221), quien propuso que las proposiciones lógicas tienen que
vincularse a los hechos reales a través de una acción que él llama aterrizaje («grounding»), que va del
nivel de la enunciación abstracta al concreto de los acontecimientos. Otra
solución es la del lógico Willard Quine, enunciada en 1962, que reelabora la
distinción de los escolásticos de la Edad Media entre «uso» y «mención» de una
palabra o de una frase.
[15] En
un artículo mío de 2006 sobre los pseudobiblia
argumenté que las memorias de Ginés de Pasamonte deben de incluir también la
descripción de sus encuentros con Don Quijote, necesariamente. Aunque no
entiendo completamente si Ginés ha dado o no su libro a la imprenta después de
disfrazarse de Mase Pedro y pasar a Aragón (me parece que el pasaje en que Cide
Hamete Benengeli le revela la identidad del titiritero al lector no está muy
claro al respecto), me parece que su Vida
es otra fuente, otra versión de la historia de Don Quijote de la Mancha. El
texto de Ginés y el de Cide Hamete son dos espejos enfrentados.
[16] Como he apuntado, Hofstadter se refiere a los Teoremas de Gödel para designar todas las cosas
que intentan definirse a sí mismas, lo que es imposible. Curiosamente este
autor no alude (ni siquiera en una confutación) a Don Quijote de la Mancha y la versión cervantina de la Paradoja de
Epiménides que aparece en II, 51. Ni siquiera comenta la estructura «en abismo»
y la naturaleza autorreferencial de la obra cumbre de Cervantes o el bucle
lógico de la Vida de Ginés de Pasamonte.
[17] En la opinión de McHale el género clave de la
ficción moderna es la narrativa policial, mientras que la ciencia ficción es
representativa de la literatura posmoderna.
[18] Mario J. Valdés propone una interpretación parecida en su análisis de Niebla de Miguel de Unamuno, al afirmar
que la novela es un laberinto compuesto de cinco círculos concéntricos, cada
uno incorporado al anterior. Sin embargo, para Valdés la realidad de Niebla brota de las páginas de la novela
para extenderse hasta nuestra realidad y expresar la condición humana (Valdés,
1994: 22-46).
[19] Antonio Sobejano Morán clasifica a Álvaro Tarfe
como un «personaje transhumante» de una novela a otra, un caso de violación de
los niveles ontológicos (eso es: la metalepsis de que habla Génette), en su
trabajo sobre la metaficción y la novela española de la edad posmoderna
(Sobejano Morán, 2003: 29).
[20] Sobre este tema: José Ma Merino
ha inventado el término «hiperquijote» para designar el juego de muñecas rusas
—o de cajas chinas— de que se sirve Cervantes a la hora de organizar el sistema
polifónico de los autores ficticios que escriben, traducen, comentan etc., la
historia del caballero manchego (Merino, 2019: 283). Jesús G. Maestro explica
magistralmente el concierto de esta polifonía retórica (Maestro, 2017-2022:
2620-2674).
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