27 abril 2022

Los teoremas de Gödel, Don Quijote de la Mancha y los molinos de viento posmodernos

 



Los teoremas de Gödel, Don Quijote de la Mancha 
y los molinos de viento posmodernos

 


Stefano de Merich
Roma

 

 

Palabras clave

Cervantes · Metaficción · Lógica · Posmodernidad · Ontología de los «Mundos Posibles»

 

Sinopsis

La crítica posmoderna utiliza a menudo los Teoremas de Incompletitud de Gödel (1931) para explicar la estructura de cajas chinas o muñecas rusas de los textos de ficción. A partir de los casos de metaficción que aparecen en la obra maestra de Cervantes, se pretende demostrar aquí que dichos teoremas solo pertenecen al ámbito lógico y matemático; además, su aplicación a los textos literarios revelaría la inconsistencia de las interpretaciones posmodernas, no su afirmación.

 

 

1

Introducción

 

Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes (1605 y 1615) es la novela de novelas por excelencia, en primer lugar, debido a que es un hipertexto relacionado con unos hipotextos, o sea las novelas de caballerías en la terminología de Gérard Genette (1982). En la continuación de 1615 Don Quijote se preocupa de aseverar el libro de 1605 y la primera parte pasa a ocupar el lugar que Amadís de Gaula, Las sergas de Esplandián y otros textos del universo caballeresco tenían en 1605. Según el planteamiento de Jesús G. Maestro en su Crítica de la razón literaria, la obra cumbre de Cervantes envuelve e implica a otras narraciones y novelas (Maestro, 2017-2022: 1683) que se configuran como géneros (por ejemplo, los relatos interpolados), es más: Cervantes utiliza los géneros convencionales en su época para transformarlos y crear algo nuevo[1].

Todo lector de Don Quijote de la Mancha se da cuenta de que en la narración aparecen textos de cualquier tipo, tanto reales (los libros caballerescos y pastoriles, en el escrutinio en I, 6, o la continuación de Avellaneda que aparece en II, 59) como ficticios. Estos pseudobiblia y sus personajes-autores son ejemplos de tematización de autores y lectores (de Merich, 2006).

Los casos de narraciones en la narración principal en Don Quijote se interpretan generalmente en sentido metaficticio, por ejemplo, que la primera parte de 1605 cuenta su gestación textual y sus propias vicisitudes editoriales (Rodríguez, 2003)[2]. En 1615 Don Quijote de la Mancha ya no se limita a tener una autoconciencia textual, sino que es también autorreferencial en el momento en que la primera parte de 1605 se incorpora a la continuación y es el objeto de los comentarios de Carrasco y de la Duquesa. Esta segunda parte que leemos se refiere también a sí misma cuando Sancho, Don Quijote y Sansón Carrasco discuten la intención del autor de escribir una segunda parte. Los lectores nos enfrentamos a una paradoja, al bucle lógico del libro al cuadrado y a la estructura «en abismo». Estos comentarios autorreferenciales podrían ser un ejemplo de las argumentaciones de Linda Hutcheon, quien considera esta característica como la la clave de la metaliteratura[3].

Don Quijote de la Mancha se considera normalmente como el manantial del que brota la posterior literatura metaliteraria y posmoderna: en su estudio Antonio Sobejano Morán escribe que


La muestra paradigmática de novela metafictiva sigue siendo Don Quijote, novela que aglutina un monumental repertorio de instancias metafictivas (Sobejano Morán, 2003: 30).

 

En la misma línea, Lauro Zavala opina que la metaficción que caracteriza la narrativa moderna tiene precisamente a las dos partes de Don Quijote como una de sus primeras representaciones (Zavala, 2007: 191). Finalmente, la autoconciencia textual y la autorreferencialidad son los elementos que inclinan a Javier Cercas a afirmar que si la primera parte de Don Quijote de la Mancha de 1605 funda la literatura moderna, su continuación de 1615 inaugura la literatura posmoderna (Cercas, 2016: 32-36)[4].

Los intérpretes de las narraciones posmodernas —quienes prefieren hablar de «metaficción» más bien que de «metaliteratura»— utilizan las teorías matemáticas como una matriz lógico-filosófica para explicar los textos metaficticios: me refiero por ejemplo al texto en que Brian McHale utiliza las vulgarizaciones de los dos teoremas sobre la incompletitud que Kurt Gödel formuló en 1931 para ilustrar la técnica de cajas chinas propia de la ficción posmoderna (McHale, 1987: 114-130).

Las páginas que siguen representan una especie de apuesta crítica ya que mi opinión es que la aplicación de los teoremas de Gödel (que son teorías científicas pertenecientes al campo categorial de las matemáticas y de la lógica) a los casos de metaficción no explican este tipo de literatura, sino que al contrario revelan unas falacias de la crítica posmoderna. Mi propósito en estas páginas consiste en aceptar las opiniones de dicha crítica para rebatir sus conclusiones, en una dialéctica beligerante.

Sé que este propósito puede representar un peligro: por ejemplo, Alan Sokal y Jean Bricmont utilizaron el abuso de los Teoremas de Incompletitud de Gödel para ridiculizar a un grupo de intelectuales posmodernos entre los que figuraban Julia Kristeva, Régis Debray y otros (Sokal y Bricmont, 1998: 176-181). Lo mismo hacen Guillermo Martínez y Gustavo Piñeiro al comentar los casos de Kristeva, Lacan, Deleuze, Lyotard etc., quienes evocan a Gödel y sus teoremas para establecer paralelismos peligrosos fuera de la matemática (Martínez / Piñeiro, 2010).

Espero no incurrir en las mismas falacias: como se verá, mi intención no consiste en utilizar los Teoremas de Incompletitud o de Indecibilidad de Kurt Gödel, sino sus popularizaciones —máxime las de críticos posmodernos— y su aplicación a las obras metaficticias. A la luz de los postulados y del método crítico que se plantean en la Crítica de la razón literaria (Maestro, 2017-2022) espero ofrecer una nueva visión de cuestiones que se dan por descontadas sobre Don Quijote de la Mancha.

Como se verá, utilizar los Teoremas de Incompletitud para explicar las narraciones metaficticias posmodernas equivale a negar estos textos y no a afirmarlos. En un juego de palabras, si Unamuno acuñó el término «nivola» para definir su novela Niebla, yo uso la palabra «nivela» para referirme a Don Quijote de la Mancha como una novela que consta de diferentes niveles.

 

 

2

La metaficción y los Teoremas de Incompletitud de Kurt Gödel

 

La interpretación de las narraciones encajadas y de las duplicaciones especulares de la obra dentro de otra obra puede mezclarse con teorías que pertenecen a la lógica y matemática: me refiero por ejemplo al concepto de regresión infinita (Odifreddi, 2001: 190-192). En filosofía, este principio supone que todo fenómeno tiene una causa que a su vez tiene otra causa anterior y así infinitamente. Jorge Luis Borges reúne diferentes ejemplos en su texto Magias parciales del Quijote, de 1952: el poema de Valmiki, Las mil y una noches, Hamlet de Shakespeare, etc. Algunos de estos textos aparecen también en el estudio de los mundos posibles incoherentes que hace Alfonso Martín Jiménez (2015: 233-297), del que hablaré más adelante[5].

En el caso particular de la novela cumbre de Cervantes, Emilio Martínez Mata señala varios momentos en que la historia narrada en Don Quijote de la Mancha se incluye en su misma narración (Martínez Mata, 2008: 95-97): al discutir la inclusión de la primera parte de 1605 en la segunda de 1615 nota Mata que


La ficción [de 1605] se infiltra en la vida reflejada en la Segunda parte y la va modelando, transformando (Martínez Mata, 2008: 85).

 

Esta incorporación fue una novedad absoluta en literatura (Martínez Mata, 2008: 85): sin abusar de la imaginación, creo que esta idea obligó a Cervantes a pisar territorios que él mismo ignoraba[6].

A su vez Gonzalo Torrente Ballester parece relacionar la metaficción en Don Quijote de la Mancha con su imposible construcción de cajas chinas al resaltar que Cide Hamete Benengeli no estructura su obra en un sistema de cajas chinas distintas ya que esta constaría de dos cajas que se contienen la una a la otra de forma mutua y recíproca: una caja (que llamamos A) encierra a la B; ésta a su vez contiene a la A (Torrente Ballester, 2004: 152). En mi opinión, esta representación puede recordar la conocida litografía de Escher Manos dibujando de 1948 (en que dos manos se dibujan la una a la otra mutuamente).

Las obras de Escher se mencionan el trabajo de Douglas Hofstadter de 1979 sobre los Teoremas de Incompletitud y sus popularizaciones de en la cultura de las masas y en las artes, a partir de la obra musical de Johann Sebastian Bach (cuya pieza Ofrenda musical incluye un «canon cangrejo» y elementos típicos de la autorreferencialidad y de la incompletitud. Por supuesto en el siglo XVII el músico alemán no podía conocer las teorías de Gödel). Los intérpretes de la ficción posmoderna basan sus teorías sobre razonamientos de este tipo: por ejemplo Brian McHale combina las interpretaciones de Hofstadter —en particular sus nociones de jerarquías enredadas («Tangled Hierarchies») y de bucles extraños («Strange Loops»)— con el conocido juicio que Jorge Luis Borges expresó en Magias parciales del Quijote[7] en su Postmodernist Fiction para ilustrar la técnica de cajas chinas o de muñecas rusas típica de las narraciones posmodernas (McHale, 1987: 112-130).

Los textos de Douglas Hofstadter y de Guillermo Martínez y Gustavo Piñeiro (2010) son herramientas indispensables para entender el contexto en que Kurt Gödel formuló sus teoremas para responder a la propuesta de David Hilbert de axiomatizar toda la matemática. Gödel demostró lógicamente que un sistema axiomático no puede ser consistente y completo a la vez: si es consistente no es completo y si es completo no es consistente. Además, en un sistema de axiomas hay enunciados cuya verdad o falsedad no se puede determinar si se utilizan los axiomas de que consta este mismo sistema. En otras palabras, hay afirmaciones que no se pueden afirmar y existen enunciados cuya verdad es indecidible[8]. Copio la paráfrasis del Teorema de Gödel que ofrece Hofstadter (o su traductor al español):


Toda formulación axiomática de teoría de los números incluye proposiciones indecidibles (Hofstadter, 1979/1989).

 

Hofstadter explica que la verdadera joya de este teorema es su demostración que es una proposición matemática autorreferencial.

Una de las implicaciones de los Teoremas de Gödel es que si los sistemas axiomáticos no pueden demostrarse a sí mismos, entonces es necesario utilizar otro sistema, esta vez de nivel superior, que demuestre el sistema de orden inferior. Bajo esta perspectiva, las popularizaciones de los Teoremas de Gödel se utilizan también para discutir casos de metaliteratura y de metaficción, de obras literarias enmarcadas o incrustadas en otras, que se definen autorreferenciales o «recursivas» (como si los dos adjetivos fueran sinónimos). Esta perspectiva puede entenderse en el caso de los autores de ficciones, pero no puede aceptarse en el caso de críticos (intérpretes o transductores en la definición que se lee en Crítica de la razón literaria)[9]: es imposible que un crítico actúe como si escribiera narraciones en que la realidad y la ficción están confundidas o en que la ficción suplanta a la realidad.

El total entendimiento de mi discurso requiere que reconstruya la tradición de la metaficción, cuyas semillas en las letras españolas podrían individuarse en La Lozana andaluza impresa en Venecia en 1528 (Martín Morán, 1990: 126n). Confieso que esta tarea sobrepasa mis posibilidades. Las técnicas metaficticias aparecen en textos antiguos como Panchatantra, una colección de fábulas en prosa y versos en sánscrito, cuya versión en lengua árabe Alfonso X mandó traducir al castellano (Calila e Dimna). Otro texto fundamental en la tradición de las narraciones enmarcadas e incrustadas dentro de otras narraciones es obviamente Las mil y una noches. En nuestra edad actual el escritor indio-británico Salman Rushdie ha escrito una especie de versión posmoderna de Don Quijote de la Mancha: su novela Quichotte de 2019 tiene deudas evidentes con las dos obras que acabo de mencionar además de referirse a Don Quijote (quizás más como pretexto que como texto, en su caso, lo que parece ocurrir también en el caso de las alusiones a Don Quijote, Sancho Panza y Dulcinea en Caridad española, novela de 2011 de Abraham B. Yehoshua)[10].

Podríase decir que los trampantojos y las ilusiones barrocas son un antecedente cultural de las narraciones posmodernas; por ejemplo, el Soneto de repente de Lope de Vega es un evidente caso de texto autorreferencial.

En el caso de la pintura de pinturas —cuyos ejemplos son abundantes en el arte figurativo español: por ejemplo Las Meninas y Las Hilanderas de Velázquez, amén de muchos otras obras— el estudio de Julián Gallego de los símbolos y los emblemas en el Siglo de Oro puede ser una lectura útil, en particular su análisis del trampantojo del lienzo o del espejo dentro de otro cuadro (artificio que el autor interpreta como «gimnasia mental» (Gallego, 1972: 301-326): no es casual que Edward C. Riley relacione Don Quijote de la Mancha con Las Meninas de Velázquez y, por extensión, con el artificio del cuadro en el cuadro que corresponde a Hamlet de Shakespeare en el teatro (Riley, 1962/1988). Para entender cabalmente estos aspectos remito al análisis del metateatro en Cervantes y Shakespeare de Jesús G. Maestro como ejemplo de literatura sofisticada (2017-2022: 1975-1992).

La metaficción incluye casos de libros dentro de otros libros: en el ámbito de la literatura en español la lista de los pseudobiblia es muy amplia y podría incluir p. ej. Niebla de Miguel de Unamuno, Muertes de perro y El fondo del vaso de Francisco de Ayala, El móvil de Javier Cercas, Papel mojado de Juan José Millás, las obras de Gonzalo Suárez y de Enrique Villa-Mata, El Club Dumas de Arturo Pérez-Reverte, La sombra del Viento de Carlos Ruiz Zafón y otras obras más (naturalmente, todos los texto de Borges). La narrativa posmoderna incluye muchísimos ejemplos de pseudobiblia metaficticios: basta pensar en los textos de Vladimir Nabokov (McHale, 1987).

Este trampantojo puede crear efectos de duplicaciones «en abismo» y vertiginosas, como se lee en el estudio de 1977 de Lucien Dällenbach, cuyo análisis se articula a partir de los elementos heráldicos que André Gide utiliza en su novela Les faux-monnayeurs de 1925. Inevitablemente Dällenbach analiza también la inclusión de la primera parte de Don Quijote de la Mancha de 1605 en su continuación de 1615 (Dällenbach, 1977/1991: 106-112) y afirma que el texto no se pone como tal, sino como realidad (Dällenbach, 1977/1991: 112). Creo que el mayor aporte de Dällenbach es su rigurosa clasificación de los casos de mise en abyme (o en abîme), que son tales únicamente cuando la narración enmarcada replica exactamente la narración de grado superior. A la luz de estos razonamientos, me parece que el episodio que aparece en I, 9 (que Dällenbach no analiza) no es un caso de literatura especular ya que duplica la novela en las páginas que leemos; esta posibilidad revela que no podemos hablar fácilmente de recursividad «en abismo» en el Quijote, al igual que lo que ocurre en el caso de los Teoremas de Incompletitud[11].

Sea como fuere, Don Quijote de la Mancha se considera como la obra ejemplar de la metaficción, como he resumido en las líneas anteriores; me limito a resumir el análisis que se lee en un texto que analiza la metaficción en el cine moderno a partir de los mecanismos narrativos de Don Quijote de la Mancha, que podrían resumirse como: la ficción como juego; la construcción en abismo; la existencia de mundos paralelos o simultáneos (o sea el contraste entre realidad y ficción); las múltiples voces narradoras y el gusto por la citación textual; la tematización del lector; el lector como interlocutor del lector; la metalepsis (por ejemplo, en la perspectiva de Cabrero, cuando el narrador sale de la historia para contar el descubrimiento del cartapacio de Cide Hamete en el mercado toledano); las referencias autotextuales; la parodia de género (extra)literario y el uso de epígrafes (Cabrejo, 2015: 26-33).

Como se ve, en esta lista de Cabrejo aparecen elementos que están relacionados con las ideas comunes sobre los Teoremas de Incompletitud. Mis referencias a estos teoremas para confutar de forma dialéctica las interpretaciones posmodernas —y no para repetirlas— tienen su justificación concreta en Don Quijote de la Mancha como se ve en el párrafo siguiente.

 

 

3

La paradoja del mentiroso en Don Quijote de la Mancha

 

El filósofo y matemático Douglas Hofstadter explica que el Teorema de Gödel es una traducción al lenguaje lógico y matemático de la Paradoja de Epiménides, conocida también como Paradoja del Mentiroso (Hofstadter, 1979/1989: 20). Esta contradicción lógica cuya formulación es «Esta afirmación es falsa» «Soy un mentiroso», o —en términos aún más simples— «Estoy mintiendo» surge de la afirmación de Epiménides, quien —cretense él mismo— afirmó que todos los cretenses eran mentirosos. Su aserción autorreferencial y contradictoria podría entenderse como: «Todos los cretenses son unos mentirosos y yo también». Eubulides de Mileto demostró aún más claramente el carácter contradictorio de la proposición de Epiménides en el IV siglo a. C., al formularla como dos frases que se contradicen recíprocamente: «La afirmación que sigue es falsa» y «La afirmación que antecede es verdadera» (Odifreddi, 2001: 134-136; Odifreddi, 2004: 30). Si consideramos que la afirmación es falsa, es verdadera mientras que si afirmamos su falsedad la adveramos. Este bucle lógico ha determinado la evolución de la lógica en Europa durante siglos (Hofstadter, 1979/1989; Odifreddi, 2004).

Ahora bien, en Don Quijote de la Mancha aparece una versión de la Paradoja del Mentiroso cuando Sancho es nombrado gobernador de la ficticia Ínsula Barataria (Cervantes, 1615/2005: 936-937; Odifreddi, 2001: 142-145). Como se sabe, este gobierno es una de las burlas que los Duques organizan para convencer a don Quijote y a su escudero de que realmente están viviendo las aventuras típicas de las novelas de caballerías. En esta experiencia, que nada tiene de Carnaval o de Mundo al revés (Maestro, 2017-2022: 2940-2949), Sancho tiene que juzgar pleitos y solucionar acertijos; en II, 51 uno de estos casos es un enigma muy sutil y complejo: en un pueblo hay un río con un puente a cuyo extremo hay una horca y un juzgado; los jueces interrogan a todos los que pasan por el puente: los que dicen la verdad pueden pasar normalmente, mientras que los mentirosos son ahorcados. Un día llega un joven que confiesa que quiere cruzar el río para ahorcarse, lo que crea un bucle lógico: si los jueces aceptaran ahorcar al hombre reconocerían que ha dicho la verdad, lo que lo salvaría. Si al revés lo dejaran pasar a salvo, el hombre miente y hay que ahorcarlo. Después de pensarlo bien, Sancho determina que el hombre se divida en dos partes y que se salve una, pero se le hace notar que eso sería imposible; entonces el gobernador de Barataria decide que el hombre viva, en nombre de la piedad[12].

La imposible solución que Sancho ofrece supone que el joven sea vivo y muerto a la vez, al igual que lo que ocurre en el caso del Gato de Schrödinger en el experimento mental que su inventor ideó en 1935 atrapado en una caja cerrada que está vivo y muerto al mismo tiempo. Piergiorgio Odifreddi resalta que la versión de la paradoja que aparece en Don Quijote de la Mancha tiene paralelismos con un cuento incluido en las Noches áticas de Aulo Gelio (Odifreddi, 2001: 142). Este tipo de paradojas o insolubilia ha acorralado la lógica y el lenguaje entre la espada y la pared durante siglos. Entre las soluciones a la Paradoja del Mentiroso ideadas desde la Antigüedad clásica hasta hoy (Odifreddi, 2001: 131-163; Odifreddi, 2004: 194) me interesa momentáneamente la que ofrece el matemático y lógico Alfred Tarski, quién ideó un metalenguaje o sea un lenguaje que se refiere a otro, conocido como lenguaje-objeto para resolver la paradoja.

El concepto de «metalenguaje», término que Tarski utilizó por primera vez en los años Treinta del siglo XX, deriva directamente de los Teoremas de Incompletitud; en las décadas Cincuenta-Sesenta también Louis Hjelmslev y Roman Jakobson teorizaron de forma independiente un metalenguaje en lingüística cuyo objeto es el lenguaje natural. El metalenguaje crea niveles y jerarquías, como ya había intuido Bertrand Russel, antes de Tarski, en su introducción al Tractatus logico-philosophicus de Ludwig Wittgenstein[13]. Entre 1931 y 1939 Tarski empezó a utilizar el concepto de metalenguaje para evitar los bucles de la Paradoja del Mentiroso al colocar las afirmaciones de Epiménides y de Eubulides en una especie de cajas chinas o muñecas rusas del pensamiento (Odifreddi, 2001: 151-152; Odifreddi, 2004: 211-217). Basándose en los Teoremas de Incompletitud de Gödel, que suponen la necesaria existencia de un metasistema de nivel superior para referirse a otro de nivel inferior, Tarski se dio cuenta de que un lenguaje no puede hablar de sí mismo. En otras palabras, un lenguaje no puede ser autorreferencial. Sin embargo, otro lenguaje puede hablar del lenguaje-objeto «desde fuera». Si aplicamos estas jerarquías a la Paradoja del Mentiroso notamos que la afirmación «Estoy mintiendo» no tiene solución, efectivamente; pero logramos demostrar su verdad al distinguir entre dos niveles del lenguaje y reformulando la aserción en estos términos:

 

Fulano dice (enunciación): → «Estoy mintiendo» (enunciado-objeto)

 

A su vez el metalenguaje puede ser el lenguaje-objeto de otro lenguaje de nivel superior y admitir un metametalenguaje que sea objeto de un metametametalenguaje y así sucesivamente ad infinitum; también hay una metamatemática y una metalógica. Verdad es que las teorías de Tarski tienen muchas limitaciones: en particular, el metalenguaje sí funciona en el ámbito matemático, pero no funciona si lo aplicamos al lenguaje natural (nuestro lenguaje cotidiano que utilizamos en continuación en el día a día), ya que el metalenguaje y el lenguaje-objeto coinciden, como resalta Gustavo Bueno (Maestro, 2017-2022: 647). Ya Ludwig Wittgenstein vio las dificultades de este razonamiento al imaginar unas reglas cuyo fundamento es un sistema de metarreglas cuyo fundamento es un sistema de metametarreglas y así indefinidamente, en una regresión al infinito (Odifreddi, 2001: 190).

La solución de Sancho a la versión cervantina de la Paradoja del Mentiroso puede interpretarse de diferentes maneras: por ejemplo, su propuesta de dividir el joven en dos seres distintos puede inspirarse de la interpretación de Aristóteles, quien solucionó la paradoja demostrando que una proposición puede parecer falsa y verdadera simultáneamente porque en ella hay dos aspectos diversos, uno verdadero y otro falso (Odifreddi, 2001: 144). Por supuesto no podemos atribuirle a Cervantes el conocimiento previo de los Teoremas de Gödel o del metalenguaje; sin embargo, la inclusión de la Paradoja de Epiménides en su obra principal sugiere la existencia de unos vínculos entre los textos «en abismo» o autorreferenciales y las contradicciones lógicas. Me refiero al metalenguaje de Tarski solo para suponer que la solución de Sancho en II, 51 anticipa los razonamientos de los lógicos y filósofos modernos (Odifreddi, 2001: 145-163) que pueden resumirse así: la paradoja de la aserción autorreferencial y contradictoria o se vincula a la realidad empírica (mediante el metalenguaje, la distinción entre uso y mención etc.), o es falaz ya que consta de argumentaciones equivocadas[14].

Sancho ofrece una solución práctica a un bucle lógico; mi conjetura es que esta circunstancia propone que no hay que tomar en serio el rompecabezas del libro dentro del libro. Siguiendo el ejemplo de Sancho, en las líneas que siguen utilizaré las jerarquías y los niveles de los Teoremas de Incompletitud de 1931 aplicados a la metaliteratura para intentar disipar las posibilidades de que la realidad y la ficción se confundan o de que la ficción pueda suplantar a la realidad.

 

 

4

El manuscrito encontrado en Toledo

 

Ahora bien, voy a hacer una especie de experimento mental al aplicar las jerarquías y los bucles que derivarían de los Teoremas de Incompletud a los principales episodios metaficticios en Don Quijote con el fin de someter a crítica las interpretaciones posmodernas. Para empezar, analizo la adquisición del cartapacio de Cide Hamete en que se cuentan las aventuras del caballero manchego (en árabe), que se describe en el I, 9: a primera vista este episodio podría ser un caso de metaficción o de metalepsis en que el supuesto autor de la novela se introduce en la narración y el libro se refiere a sí mismo. Sin embargo, si a este episodio aplicamos las jerarquías de los teoremas de Gödel (que justificarían la estructura de cajas chinas en la opinión de McHale y otros) y el concepto de metalenguaje (en su sentido de lenguaje de nivel superior que habla de un lenguaje-objeto de nivel inferior), estamos en condiciones de dar otra interpretación del episodio del descubrimiento del cartapacio de Cide Hamete en el Alcaná de Toledo que se cuenta en I, 9.

En realidad, lo que leemos es que: Cervantes (el autor real) escribe que un narrador (que es un personaje ficticio) describe el hallazgo del manuscrito en árabe. Este texto ficticio narra las aventuras de Don Quijote y Sancho. A la luz de esta interpretación, en I, 9 la novela Don Quijote de la Mancha no es autorreferencial ya que no cuenta las circunstancias de su propia gestación editorial; en otras palabras: la novela cervantina no se refiere a sí misma dentro de sí misma, sino que un personaje de la narración cuenta cómo ha encontrado el manuscrito de Cide Hamete. Además, me parece que no hay un movimiento hacia atrás del manuscrito al autor real ya que el texto de Cide Hamete cuenta la historia de Don Quijote y no la vida de Miguel de Cervantes autor de Don Quijote de la Mancha. En el escrutinio de la biblioteca, el cura y el barbero aluden a Cervantes únicamente como autor de La Galatea de 1585.

A pesar de sus limitaciones, me parece que la idea de metalenguaje se aplica también a II, 3, el momento en que Don Quijote y Sancho aprenden que son personajes de un libro, comentan la primera parte y aluden a su continuación; como esta alusión se hace en la segunda parte, esta situación es el caso más evidente de metaficción o de metaliteratura en Don Quijote de la Mancha. nótese que los personajes hablan de este libro, pero nunca lo leen (diferentemente a lo que ocurre en II, 59 en que los personajes leen el libro de Avellaneda), lo que indica que estamos en presencia de un caso de metalenguaje, no de metaficción.

Efectivamente, los personajes cervantinos se enteran de que Cide Hamete ha escrito el libro y aprenden que una especie de editor ha encargado a un morisco la traducción del texto al castellano (en que ellos son entes ficticios), pero nada saben de Cervantes. En su mente, el Quijote es una historia verdadera y no es una novela de entretenimiento; en este mundo ficticio, Miguel de Cervantes solo es el autor de La Galatea, novela pastoril de 1585 que el cura y el barbero descubren en su escrutinio de la biblioteca de don Quijote en I, 6.

Podemos representar esta estructura de la siguiente forma:




 


En este sistema de jerarquías los marcos de nivel superior permiten hablar de los que son de nivel inferior, pero es imposible hacer lo contrario. Como hemos visto, las popularizaciones de los Teoremas de Gödel se utilizan para explicar el juego de cajas chinas en las ficciones posmodernas; sin embargo, si aplicamos rigurosamente la lógica de las jerarquías nos damos cuenta de que, en el nivel o círculo de la realidad ficticia de los personajes, el autor del libro en que ellos mismos figuran como personajes no es Miguel de Cervantes Saavedra: en su opinión este autor es únicamente Cide Hamete Benengeli. Creo que la interpretación de la obra autorreferencial acaba disipando la idea del recurso narrativo del libro dentro del libro en que los personajes se preguntan si el autor escribirá una continuación en el mismo texto que este autor está redactando, en vez de corroborarla. En este caso el autor real no entra en el discurso metaficcional (ni siquiera la alusión del cura a su conocimiento de Miguel de Cervantes significa que el autor real entre en su texto).

Siguiendo las jerarquías que los Teoremas de Gödel inspiran, entendemos que hay otro nivel, esta vez de tipo inferior, en que el cura lee la Novela del curioso impertinente que es un texto enmarcado en el texto principal: Jorge Luis Borges afirmó algo parecido al señalar en las páginas de El Hogar que la inclusión del relato que el cura lee en la venta de Palomeque no es un caso de literatura «en abismo», sino que es un caso afín a la situación en que una persona canta o lee un texto en voz alta en la vida real. Afirma Borges que «los dos planos —el verdadero y el ideal— no se mezclan» (Borges, 2002: 433).

Me parece que estas alusiones a planos diferentes son afines a mi discurso sobre las jerarquías que derivan de los Teoremas de Incompletitud de 1931.

Quizás la demostración más eficaz de las relaciones de Don Quijote de la Mancha con el Teorema de Gödel sea la obra imposible Vida de Ginés de Pasamonte, que su autor —el ladrón y embustero Ginés— no podrá terminar mientras viva: efectivamente, esta autobiografía es imposible a causa de su naturaleza autorreferencial, sin embargo otro texto de nivel superior —concretamente: Don Quijote de la Mancha— puede hablar de ella e incorporarla a sus páginas (lo que hace posible que los lectores de Cervantes nos enteremos de la existencia del libro de Ginés. Su existencia en el mundo real no es que una ilusión)[15].

Nótese que la conjetura que propongo no se opone al sistema retórico de los autores ficticios de Don Quijote de la Mancha (Maestro, 2017-2022: 2620-2644): solo digo que estos autores-personajes se colocan en niveles diferentes (ninguno coincide con la realidad de los lectores de la novela, al que los personajes no acceden).

Mi opinión es que el anhelo a la autorreferencia de las obras metaliterarias es precisamente lo que demuestra su incapacidad de referirse a sí mismas. Las piezas de teatro de Luigi Pirandello o las películas italianas 8 e ½ de Federico Fellini (1963) y Sogni d’oro de Nanni Moretti (1981) ejemplifican los límites que una obra de arte tiene al pretender referirse a sí misma dentro de sí misma. Las películas que cuentan las historias de directores de cine que intentan explicar las películas que están rodando a través de estas mismas películas solo muestran la necesidad de que otro sistema de nivel superior se refiera a sus obras. La conciencia que estas obras tienen de su estructura de cajas chinas y de su naturaleza de textos dentro de otros textos (que pueden o no duplicar «en abismo» el texto en que están enmarcados) es precisamente la razón de su inexistencia como obras o textos en el mundo real.

A la estructura de cajas chinas o de muñecas rusas de las ficciones posmodernas se refiere Brian McHale en su texto Postmodernist Fiction (McHale, 1987: 114-130); la interpretación de los Teoremas de Incompletitud que ofrece el filósofo y matemático Douglas Hofstadter es el eje gravitatorio de su análisis[16].

 

 

5

Gödel, Hofstadter, McHale

 

El texto en que Brian McHale saca a colación las páginas de Hofstadter, Postmodernist Fiction, es una especie de recopilación de todas las técnicas de la narrativa posmoderna que el autor reúne para respaldar su idea de la dominante ontológica, posmoderna, que ha suplantado a la dominante epistemológica, propia de la ficción moderna (McHale, 1987: 59)[17]. McHale enumera los mecanismos de este tipo de ficción, entre los que figuran también la metaficción, las construcciones «en abismo» y la metalepsis que es una infracción, una transgresión de los niveles narrativos y de las jerarquías personaje-autor (por ejemplo, en el relato Continuidad de los parques, en que el personaje de una novela irrumpe en el mundo de su lector y lo mata: Genette, 1972). McHale prefiere emplear la expresión «Strange Loops» (bucles extraños) de Hofstadter más bien que referirse a la metalepsis de Genette (McHale, 1987: 119). En sus palabras:

 

Recursive structures may raise the specter of a vertiginous infinite regress. Or they may dupe the reader into mistaking a representation at one narrative level for a representation at a lower or (more typically) higher level, producing an effect of trompe-l’oeil. Or they may be subjected to various transgressions of the logic of narrative levels, short-circuiting the recursive structure. Or, finally, a representation may be embedded within itself, transforming a recursive structure into a structure en abyme. The consequence of all these disquieting puzzles and paradoxes is to foreground the ontological dimensions of the Chinese box of fiction (McHale, 1987: 114).

 

Este tipo de listas es afín a las características que Joseph Hillis Miller reúne para definir la literatura posmoderna en su obra de 2014 Communities in Fiction (Hillis Miller, 2014: 266-267); para este crítico las características son: el pastiche; la parodia de estilos anteriores; la alusión; la falta de profundidad y de afecto; el debilitamiento del autor omnisciente (en favor del uso de un autor «telepático»); la discontinuidad; los cambios temporales «prepósteros» por medio de metalepsis, prolepsis o analepsis; el uso de historias intercaladas (narradas por otros personajes en el texto); desviaciones y bruscos cambios de registro o tono; historias detrás de la historia principal; anti-realismo, alucinaciones y surrealismo; realismo mágico; el uso exuberante, hiperbólico de la comedia y de la farsa; la presencia de una historia como marco en que se cuenta otra historia (notablemente, la principal); especial atención a los desamparados y desdichados; atención a la auto-destrucción autoinmune de la que habla Derrida; la toma de decisiones éticas como problema; elementos de ficcionalidad o virtualidad de la narración hacia sí misma, eso es: la narración se plantea preguntas sobre su existencia y función social.

Como demuestra Jesús G. Maestro estas características pueden aplicarse a cualquier texto de cualquier autor (Maestro, 2017-2022: 2459). Si se acepta el punto de vista de Joseph Hillis Miller, también un código de barras es un texto posmoderno (Maestro, 2017-2022: 2457-2476). Más en general, Maestro demuestra que la inclusión de la novela El coloquio de los perros de Cervantes de 1613 en un grupo de narraciones proto-posmodernas por parte de Hillis Miller y la aproximación de la novela ejemplar a La integración secreta de Thomas Pynchon (The Secret Integration, 1964) carecen de todo sentido.

Me parece que al evocar a Gödel para hablar de cajas chinas, o al aludir al trampantojo de los textos al cuadrado, incorporados a otros textos (o sea, los pseudobiblia: de Merich, 2006), Brian McHale y Joseph Hillis Miller no se limitan a afirmar que un rasgo de narrativa posmoderna es que la ficción puede extenderse a la realidad, sino que asienten efectivamente a esta posibilidad. Ya he aludido a los libros (no a las narraciones) que aparecen en Don Quijote de la Mancha, p. ej. la autobiografía de Ginés de Pasamonte, la pseudo-traducción de Le Bagatele-Los juguetes o los los epitafios de los Académicos de Argamasilla que aparecen en I, 52 (de Merich, 2006 y 2021). En estos trabajos resalto también que el artificio del libro dentro del libro no aparece solo en Don Quijote de la Mancha (pensemos en los tratados del que el primo humanista escribe en la segunda parte de la novela), sino también en otras obras cervantinas: me refiero a la novela ejemplar El coloquio de los perros. Otro caso es el primer capítulo del cuarto libro de Los trabajos de Persiles y Sigismunda de de 1617, en el que los personajes conocen en un mesón a un extraño autor de una colección de aforismos y contribuyen a la redacción de este texto ficticio que aparece en la novela que estamos leyendo.

En clave posmoderna los pseudobiblia serían una infiltración de la ficción en la realidad, o representerían la autojustificación de la ficción gracias otras ficciones; al contrario, en la línea interpretativa planteada en Crítica de la razón literaria de Jesús G. Maestro (2017-2022) la idea de una invasión de la realidad por parte de la ficción no tiene sentido alguno. En esta teoría es cierto que la ficción necesita inevitablemente la realidad para existir (Maestro, 2017-2022: 823-893), pero esta relación no es recíproca ya que la frontera entre la realidad y la ficción es permeable únicamente en una dirección. De este punto deriva la demostración de otra falacia posmoderna que es la justificación de la ficción a partir de otras ficciones: solo la realidad puede justificar la ficción, diferentemente a lo que afirma el arte posmoderno (Maestro, 2017-2022: 868-873).

De los dos puntos que acabo de resumir se colige que el personaje ficticio no tiene posibilidad alguna de existir en el mundo real (otra confusión de la posmodernidad): en el mundo interpretado (M­i) el personaje ficticio no tiene facultades operatorias, o sea que no puede manipular la materia, lo que podemos hacer solo nosotros, los entes reales. (Maestro, 2017-2022: 862-864; 1999-2000; 2110-2115). Por último: el intérprete o el transductor no puede acercarse al texto literario como si fuera un autor o un personaje de una obra posmoderna, dudando de su propia existencia o escribiendo su trabajo crítico como si fuera Jorge Luis Borges, el autor de ensayos que son cuentos o de cuentos que son ensayos (Maestro, 2017-2022: 444-445).

Estas distancias entre la posmodernidad y las tesis de Crítica de la razón literaria —amén de muchas más que no puedo resumir en estas páginas— revelan que la realidad y la ficción tienen límites que no se pueden confundir o franquear libremente.

 

 

6

Una mirada hacia los mundos posibles «imposibles»

 

Quizás más que a los críticos la idea de Don Quijote de la Mancha como una obra metaficcional, autorreferencial y recursiva por excelencia se deba a las obras de Miguel de Unamuno —en particular a su Vida de don Quijote y Sancho, en que el filósofo salmantino postula que fue Don Quijote quien inventó a Cervantes— y los textos de Jorge Luis Borges, como Pierre Menard autor del Quijote y Magias parciales del Quijote, en que el escritor argentino sugiere que los lectores de Don Quijote de la Mancha seamos personajes ficticios al igual que Don Quijote y Sancho o Hamlet, han tenido mayor relevancia que los ensayos de los críticos a la hora. Otro texto fundamental es Tlön, Uqbar, Orbis Tertius en que unos textos empiezan a crear un mundo de invención hasta que el mundo actual de los lectores se convierte en Tlön; Jean Baudrillard describe la colonización de lo real por parte del simulacro en términos parecidos (Baudrillard, 1981: 10).

A este tipo de cruce entre filosofía y crítica literaria podría pertenecer la teoría de los mundos posibles, aunque no mencione explícitamente a Gödel. Esta teoría, que supone la validez ontológica de los mundos ficcionales, se ha desarrollado a partir del pensamiento de Leibniz y de filósofos como Samuel Kripke, David K. Lewis, Nicholas Rescher y Jakko Hintikka. Posteriormente Lubomir Doležel, Umberto Eco y Thomas G. Pavel han profundizado en la ontología de los mundos posibles (Doležel, 1998; Eco, 2002; Pavel, 1989), introducida en España a través de los trabajos de Tomás Albaladejo Mayordomo (1998). En breve: los textos de ficción crean mundos que son semánticamente diferentes al mundo real (el mundo de referencia del lector). Estas teorías exploran la comparación en términos de verdad o falsedad y coherencia respecto al mundo de referencia o actual; estas reglas de coherencia abarcan tanto a los aspectos espacio-temporales como a la inclusión de trasuntos literarios de personajes históricos (p. ej. Richelieu en las novelas de Dumas) que interactúan con personajes completamente ficticios (Pavel, 1989). Sin ir más allá en el tema de los mundos posibles, de los que la crítica de la razón literaria prescinde (Maestro, 2017-2022: 825, n. 4, y 2590, n. 42).

En su texto de 2015 Alfonso Martín Jiménez propone una clasificación de los géneros literarios y —en el ámbito más general de las tipologías de mundos posibles en literatura— intenta explicar los casos en que se produce una ruptura de la lógica ficcional o una infracción de los niveles. Esta ruptura coincide con la metalepsis de la que habla Genette. Martín Jiménez desarrolla su análisis a partir de las figuras imposibles de Escher, uno de los autores que aparecen en el texto de Hofstadter. Además, en el grupo de textos que Martín Jiménez analiza, además de Julio Cortázar y Luigi Pirandello, figuran el poema de Valmiki, Niebla de Miguel de Unamuno, Don Quijote de la Mancha etc., eso es: los mismos textos a los que alude Borges en su Magias parciales del Quijote. Estos autores y obras son ejemplos de mundos posibles que son imposibles porque su universo interno es incoherente (Martín Jiménez, 2015: 233) y que podrían representarse como el conocido triángulo de Penrose o la litografía Belvedere de Escher de 1958. (Martín Jiménez, 2015: 233-297).

Esta incoherencia se debe precisamente a una infracción entre unos espacios que Martín Jiménez llama el «mundo del autor» y el «mundo de los personajes» (Martín Jiménez, 2015: 251)[18].

Aunque las matrices lógicas y filosóficas de la teoría de los mundos posibles sean diferentes a las que he tratado hasta ahora, me parece que hay puntos de contacto y paralelismos con otras interpretaciones críticas que utilizan niveles y jerarquías. En el caso específico de Don Quijote de la Mancha (Martín Jiménez, 2015: 251-262), este crítico afirma que Miguel de Cervantes, el autor real de la novela, no se relaciona nunca ni con Don Quijote, ni con Cide Hamete Benengeli (Martín Jiménez, 2015: 251); a continuación, traza diferentes esquemas para ilustrar los mecanismos mediante los que el personaje (sic) de Cervantes se integra con el mundo de los personajes ficticios hasta ficcionalizarse él mismo.

La conclusión de Martín Jiménez es pues que:


Cervantes no llega a relacionarse directamente con don Quijote ni con Cide Hamete, pero sí con la biografía que este ha escrito sobre aquel, que llega a sus manos, así como con el morisco aljamiado (Martín Jiménez, 2015: 254).

 

El problema es que las razones que Martín Jiménez aduce para justificar la infracción entre el mundo del autor y el de los personajes son, me parece, unos postulados como por ejemplo la identificación del Miguel de Cervantes autor de la novela con el segundo autor que aparece en I, 9: para Martín Jiménez, el escritor alcalaíno es efectivamente el primer y el segundo autor que aparecen en la narración y los hechos narrados se presentan como si fueran acontecimientos autobiográficos de Cervantes (Martín Jiménez, 2015: 253-254). Me parece innecesario explicar que el narrador que aparece I, 9 no es Miguel de Cervantes: entre la vasta bibliografía sobre este tema selecciono los trabajos de Jesús G. Maestro (1995: 132-133) y de Santiago Fernández Mosquera (1986).

Para resumir: Martín Jiménez llega a afirmar que la novela cervantina es un mundo posible incoherente porque para el lector el texto definitivo coincide con el del propio Cervantes; por eso el escritor alcalaíno sería a la vez autor y personaje de su obra (Martín Jiménez, 2015: 258-259). Me parece que la incoherencia está más en este razonamiento que en la infracción entre dos mundos. Las teorías de Martín Jiménez funcionan en el caso de otros textos, p. ej. Niebla de Unamuno (1914) o El amigo Manso (1882) de Galdós, sin embargo creo que no sirven en el caso de Don Quijote debido a que están basadas en razonamientos circulares o en la afirmación de temas que son controvertidos, como si Cervantes es o no el segundo autor ficticio que aparece en I, 9. Como he intentado explicar, si no se hace esta identificación el episodio en I, 9 se despoja de su carácter metaficcional el mundo posible-imposible que Martín Jiménez postula desaparece ya que esta situación es afín a los casos en que los personajes de un texto leen otro texto (lo que Borges afirma en el caso de la Novela del curioso impertinente).

Aunque no se refiere a Kurt Gödel, he mencionado a Alfonso Martín Jiménez porque su teoría de la ruptura de los niveles ficcionales en Don Quijote de la Mancha está basada en la noción de autorreferencialidad que se hace derivar comúnmente de los Teoremas de Incompletitud para hablar de metaficción. La comparación entre la ontología de los mundos posibles y las teorías que se plantean en Crítica de la razón literaria puede ser interesante: vamos a comparar el momento en que los personajes comentan la primera parte de 1605 en II, 3 con su lectura de la continuación apócrifa de Alonso Fernández de Avellaneda en II, 59 (cuando Don Quijote se entera de la existencia de la continuación rival), para entender un principio fundamental. En II, 3 el caballero manchego perdona los errores del autor árabe y del editor cristiano que lo han convertido en un personaje de ficción; sin embargo, a partir de II, 59 Don Quijote desautoriza a Avellaneda y su libro de forma agresiva. Los efectos de su invectiva son el cambio de rumbo (de Zaragoza a Barcelona) y el encuentro con don Álvaro Tarfe, personaje de la novela de Avellaneda que acaba admitiendo la total falsedad del protagonista de la continuación apócrifa de 1614[19]. La diferencia entre los dos episodios demuestra los problemas de la ontología de los mundos posibles y que existe un límite infranqueable entre la ficción y la realidad, de acuerdo con lo que se lee en Crítica de la razón literaria. Si bien se mira, la continuación de Avellaneda pertenece a la realidad: su trasunto ficticio (o sea la novela que los personajes de Cervantes leen efectivamente) se introduce en la segunda parte cervantina y determina el cambio de rumbo del protagonista. Además, en el texto cervantino de 1615 los personajes ficticios no interactúan operatoriamente (para este concepto: Maestro, 2017-2022: 862) con la continuación de Avellaneda (que es real) mientras que sus acciones y decisiones no tienen efecto alguno sobre este texto, eso es: la decisión de Don Quijote de ir a Barcelona no influye sobre la continuación de Avellaneda. El análisis de las relaciones entre ficción y realidad puede leerse en Crítica de la razón literaria (Maestro, 2017-2022: 823-886).

 

 

7

Conclusión

 

Hemos visto que algunos críticos aplican las popularizaciones más comunes de los Teoremas de Gödel a Don Quijote de la Mancha para analizar sus principales elementos de metaficción, o sea el libro autoconsciente y autorreferencial (en 1605) y el libro dentro del libro (en 1615); estas interpretaciones justifican una explicación de la narrativa posmoderna en términos de tradición cervantina (Cercas, 2016). Sin embargo, me parece que estas analogías revelan más bien lo contrario, o sea que —gracias precisamente al sistema de jerarquías y niveles— los personajes ficticios solo tienen acceso a un texto cuyo autor es Cide Hamete Benengeli. En sus mentes la existencia de un hombre existido en el Siglo de Oro, llamado Miguel de Cervantes Saavedra, soldado en la batalla de Lepanto y autor de Don Quijote de la Mancha es una información que estos personajes ignoran completamente y a la que no pueden acceder. Si seguimos esta lógica descubrimos que en el universo ficticio de Don Quijote, Sancho, Carrasco y la Duquesa, no se afirma nunca que Cervantes sea el autor real de la novela, hombre de carne y hueso que vive en el mundo en que vivimos los lectores y que coincide con un nivel superior jerárquicamente.

A mi modo de ver, las jerarquías que están inspiradas de los trabajos de Gödel son una herramienta útil para orientarse entre los diferentes niveles de la narración y oponerse a la invasión de la realidad por parte de la ficción que la posmodernidad admite. En el caso del hallazgo del cartapacio en árabe en I, 9, una lógica afín al metalenguaje disipa la idea de metalepsis al imaginar que un nivel superior incluye a otro, inferior, al igual que una caja encierra a otra. No hay ninguna confusión posmoderna entre ficción y realidad al respecto.

En el caso de la versión de la Paradoja de Epiménides, la solución que Sancho ofrece que aparece en II, 51 podría ser un indicio de que Cervantes se está burlando de una filosofía vacía y estéril. Al igual que en el caso de la parodia de las novelas de caballerías como crítica del idealismo (Maestro, 2017-2022: 2675-82 y 2927-28), Cervantes parece decirnos que la razón y la lógica no pueden ocuparse de forma estéril de problemas abstractos que están completamente desconectados de la realidad concreta, en vez de ser una forma materialista de pensar (Maestro 2017-2022: 90-91).

Quizás la solución de Sancho a la Paradoja del Mentiroso sea una clave para interpretar el hallazgo del manuscrito de Cide Hamete, episodio que es una burla del tópico del manuscrito encontrado y traducido que figura en las novelas de caballerías y en la Historia de las guerras civiles de Granada de Ginés Pérez de Hita (Riley, 1962/1988: 314-325). Es claramente imposible que la narración del texto de Cide Hamete empiece justo en el punto donde el primer núcleo (o sea: el relato de los anales manchegos) se había interrumpido en I, 8. A fin de cuentas, un texto que describe su propia gestación textual es una paradoja muy afín a la del mentiroso en la lógica. Es mi opinión que Cervantes parece utilizar los textos metaficticios y el sistema retórico de la polifonía de los autores ficticios (Maestro, 2017-2022: 2620-2674) para dirigirse contra el cerebralismo estéril: piénsese por ejemplo en el juego de muñecas rusas con que Cervantes se burla de los mecanismos que él mismo ha ideado al aludir en II, 44 a un ur-texto original en que se lee que, llegado a escribir este capítulo, Cide Hamete se lamenta de que no puede insertar más historias intercaladas en la narración; además, en este mismo pasaje se alude a que el narrador no tradujo fielmente esta queja del autor (Cervantes, 1615-2005: 876). Ya en el siglo XIX Clemencín se preguntó cómo podía leerse en el propio original de la historia que su intérprete no lo había traducido fielmente[20].

En mi opinión Cervantes nos dice que sus juegos de cajas chinas solo son un trampantojo; este artificio merece claramente la atención de los críticos, pero me parece que los intérpretes posmodernos se meten en un laberinto e imitan al hidalgo manchego que se enfrasca en la lectura de las novelas de caballerías hasta confundir los límites entre historia, realidad y ficción. Si bien se mira, la idea de que la obra cumbre de Cervantes es el repertorio de todas las técnicas metafictivas (Sobejano Morán, 2003: 30) puede ser un espejismo, ya que el autor se está burlando de las técnicas típicas de la literatura caballeresca, efectivamente.

Para concluir: puede que el intento de confundir la realidad y la ficción propio de la posmodernidad —y su propuesta de evadir de la realidad o que alguien nos esté leyendo como si fuéramos personajes de un libro— sea otra versión del idealismo. Sin embargo, según parece, en nuestro mundo real la cuarta pared no está rota ni tiene hendiduras.

 

 

 

Bibliografía

 

  • Albaladejo Mayordomo, Tomás (1998), Teoría de los mundos posibles y macroestructura narrativa. Análisis de las novelas cortas de Clarín, Murcia, Universidad de Alicante.
  • Baudrillard, Jean (1981), Simulacres et simulation, París, Éditions Galilée.
  • Borges, Jorge Luis (2002), «Cuando la ficción vive en la ficción», Obras completas, IV, Barcelona.
  • Borges, Jorge Luis (1971), Ficciones, Madrid, Alianza / Emecé.
  • Borges, Jorge Luis (1976), Otras inquisiciones, Madrid, Alianza / Emecé.
  • Cabrejo, José Carlos (2015), Metaficción: de Don Quijote al cine contemporáneo, Lima, Universidad de Lima – Fondo Editorial.
  • Cercas, Javier (2016), El punto ciego, Barcelona, Penguin Random House.
  • Cervantes Saavedra, Miguel de (1605-1615), Don Quijote de la Mancha. Barcelona, Planeta, 2005. Ed. de Martín de Riquer.
  • Dällenbach, Lucien (1977), Le récit spéculaire, París, Éditions du Seuil. Traducción española de Ramón Buenaventura: El relato especular, Madrid, Visor, 1991.
  • de Merich, Stefano (2021), «Escritores ficticios, reflejos y artificios especulares en Don Quijote de la Mancha: el acádemico de Argamasilla (I, 52) y el traductor de Le bagatele (II, 62)», Lemir – Revista de Literatura Española Medieval y del Renacimiento, 25 (385-412), en línea.
  • de Merich, Stefano (2006), «Libri perduti, falsi e inesistenti gli pseudobiblia da Don Quijote de la Mancha a La sombra del viento», Critica del testo: I mondi possibili del Quijote, 9/1-2 (429-454).
  • Doležel, Lubomír (1998), Heterocosmica. Fiction and Possible Worlds mondi possibili, Baltimora, The Johns Hopkins University Press.
  • Eco, Umberto (7) (2002), Lector in fabula. La cooperazione interpretativa nei testi letterari, Milano, Bompiani.
  • Eisenberg, Daniel (1987), A Study of Don Quixote, Newark, Juan de la Cuesta. Traducción española de Isabel Verdaguer: La interpretación cervantina del Quijote, Barcelona, Compañía Literaria, 1995.
  • Fernández de Avellaneda, Alonso (1614), El Quijote apócrifo, Lemir, 2014. Ed. de Enrique Suárez Figaredo, en línea.
  • Fernández Mosquera, Santiago (1986), «Los autores ficticios del Quijote», Anales Cervantinos, XXIV (47-65).
  • Gallego, Julián (1972), Visión y símbolos en la pintura española del Siglo de Oro, Madrid, Aguilar.
  • Genette, Gérard (1972), Figures III, París, Éditions du Seuil.
  • Genette, Gérard (1982), Palimpsestes. La littérature au second degré, Paris, Éditions du Seuil.
  • Gil González, Antonio Jesús (2001), Teoría y crítica de la metaficción en la novela española contemporánea. A propósito de Álvaro Cunqueiro y Gonzalo Torrente Ballester, Salamanca, Universidad de Salamanca.
  • Güntert, Georges (2006), «El “Quijote, el curioso impertinente” y la verdad de la literatura», Versants: Revista suiza de literaturas románicas, 51 (201-220).
  • Hillis Miller, Joseph (2014), «Postmodern Communities in Pynchon and Cervantes» en: Communities in Fiction, New York, Fordham University Press, 2014.
  • Hofstadter, Douglas R. (1979), Gödel, Escher, Bach: an Eternal Golden Braid, New York, Basic Books. Traducción española de Alejandro López Rousseau y Mario Arnaldo Usabiaga Bandizzi Gödel, Escher, Bach: un eterno y grácil bucle, Barcelona, Tusquets, 1989.
  • Hutcheon, Linda (1991), Narcissistic Narrative: the Metafictional Paradox, London-New York, Routledge.
  • Maestro, Jesús G. (1995), «El sistema narrativo del Quijote: la construcción del personaje Cide Hamete Benengeli», Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America, 15.1 (111-141).
  • Maestro, Jesús G. (2017), Crítica de la razón literaria: una Teoría de la Literatura científica, crítica y dialéctica. Tratado de investigación científica, crítica y dialéctica sobre los fundamentos, desarrollos y posibilidades del conocimiento racionalista de la literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo, 2022, 10ª ed. digital definitiva disponible en línea.
  • Martín Jiménez, Alfonso (2015), Literatura y ficción. La ruptura de la lógica ficcional, Berna, Peter Lang.
  • Martín Morán, José Manuel (1990), El Quijote en ciernes. Los descuidos de Cervantes y las fases de elaboración textual, Torino, Edizioni dell’Orso.
  • Martínez, Guillermo / Piñeiro, Gustavo (2010), Gödel (para todos), Barcelona, Destino.
  • Martínez Mata, Emilio (2008), Cervantes comenta el Quijote, Madrid, Cátedra.
  • McHale, Brian (1987), Postmodernist fiction, Methuen, Taylor & Francis Ltd.
  • Merino, José Ma. (2005), «Los Límites de la ficción», Anthropos. Huellas del conocimiento. Metaliteratura y metaficción. Balance crítico y perspectivas comparadas, 208 (82-91).
  • Merino, José Ma, (2019). A través del Quijote, Madrid, Reino de Cordelia.
  • Odifreddi, Piergiorgio (2001), C’era una volta un paradosso. Storie di illusioni e verità rovesciate, Torino, Einaudi.
  • Odifreddi, Piergiorgio (2004), Le menzogne di Ulisse. L’avventura della logica da Parmenide ad Amartya Sen, Milano, Longanesi.
  • Oriel, Charles (1990), «Narrative Levels and the Fictionality of Don Quijote, I: Cardenio's Story», Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America, 10.2 (55-72).
  • Pavel, Thomas G. (1989), Fictional Worlds, Cambridge, Harvard University Press.
  • Rubinat de Parellada, Ramón (2014), Crítica de la obra literaria de Javier Cercas. Una execración razonada de la figura del intelectual, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo.
  • Riley, Edward C. (1962), Cervantes’s Theory of the Novel, Oxford, The Clarendon Press. Traducción italiana de Gabriella Figlia: La teoria del romanzo in Cervantes, Bologna, Il Mulino, 1988.
  • Ródenas de Moya, Domingo (ed.) (2017), «Introducción» a: Javier Cercas, Soldados de Salamina, Madrid, Cátedra.
  • Rodríguez, Juan Carlos (2003), El escritor que compró su propio libro: Para leer el Quijote, Barcelona, Random House Mondadori.
  • Rushdie, Salman (2019), Quichotte, Londres, Jonathan Cape; Londres, Penguin Books India; New York, Random House. Traducción española de Javier Calvo: Quijote, Barcelona, Seix Barral, 2020.
  • Sobejano Morán Antonio (1991), «La novela metafictiva antipoliciaca de Luis Goytisolo: La paradoja del ave migratoria», Bulletin hispanique, 93-2 (423-438).
  • Sobejano Morán, Antonio (2003), Metaficción española en la postmodernidad, Kassel, Reichenberger.
  • Sobejano, Gonzalo (1989), «Novela y metanovela en España», Ínsula: revista de letras y ciencias humanas, 512-513 (4-6).
  • Sokal, Alan y Bricmont, Jean (1998), Fashionable Nonsense: Postmodern Intellectuals’ Abuse of Science, New York, Picador.
  • Torrente Ballester, Gonzalo (2003), El Quijote como juego y otros trabajos críticos, Barcelona, Destino.
  • Valdés, Mario J. (ed.) (1994), «Introducción» a: Miguel de Unamuno, Niebla, Madrid, Cátedra.
  • Zavala, Lauro (2007), Ironías de la ficción y la metaficción en cine y literatura, México, Universidad Autónoma de la Ciudad de México.



____________________

NOTAS 

[1] No hay que olvidar que en la obra de Miguel de Cervantes está contenido el genoma de la literatura: lo que no está en Cervantes no está en ésta (Maestro, 2017-2022: 1975).

[2] El episodio más conocido es el capítulo I, 9 en que se cuenta el descubrimiento del libro en la misma narración que leemos, eso es: el texto original escrito en árabe cuya narración se reanuda precisamente en el episodio con que se concluyen los testimonios manchegos (la batalla contra el escudero vizcaíno).

[3] Es opinion de Hutcheon que «the reader or the act of reading itself become thematized parts of the narrative situation, acknowledged as having a co-producing form» (Hutcheon, 1991: 37).

[4] La vocación posmoderna de Javier Cercas está resumida en la introducción a Soldados de Salamina de Domingo Ródenas de Moya, quien reconstruye la trayectoria del escritor y su deseo de ser un autor de obras antirrealistas, antisentimentales y lúdicas al igual que Borges, Gonzalo Suárez y otros escritores. La metaficción como eje gravitatorio de la posmodernidad cercasiana es evidente en El móvil, novela de 1987. Para Ródenas de Moya Soldados de Salamina representa la evolución cercasiana de una narrativa autocomplaciente, narcisista y autorreferencial a una posmodernidad que se casa con el compromiso político, social, ecológico etc. (Ródenas de Moya, 2017: 9-172). Javier Cercas es también autor de textos de teoría literaria: para un enfrentamiento crítico a estas (inconsistentes) teorías cercasianas es imprescindible la lectura de los textos de Ramón Rubinat de Parellada (2014).

[5] En El Hacedor de 1946 Borges alude al mapa ficticio que coincide perfectamente con el territorio que representa, y lo atribuye al texto apócrifo Viajes de varones prudentes, Libro IV, cap. XLV, Lérida, 1658 cuyo autor, Suárez Miranda, no existe (Borges se inspiró de una idea que Josiah Royce formuló en 1899). Me atrevo a añadir un ejemplo más: en el belén napolitano figura el pastor Benino, hombre o niño dormido que está soñando con el mismo belén en el que él duerme y en que se sueña a sí mismo mientras está durmiendo en el belén con que está soñando. Una posibilidad es que si Benino despertara, el belén desaparecería inmediatamente: esta situación puede recordar la escena de A través del espejo y lo que Alicia encontró allí (Through the Looking-Glass, and What Alice Found There, 1871) de Lewis Carroll en que los gemelos informan a Alicia de que todos se encuentran en el sueño dentro de un sueño que el Rey Rojo está teniendo en aquel momento: si el Rey Rojo se despertara, el universo se disolvería y Alicia se apagaría como si fuera una vela. Borges utilizó este episodio como epígrafe para su relato Las ruinas circulares; el lector de Carroll descubrirá que la experiencia a través del espejo no es más que un sueño de Alicia, lo que significa que la joven sueña con que el Rey sueña con ella.

[6] Noto que Alonso Fernández de Avellaneda tuvo una intuición parecida en el capítulo 24 de su continuación apócrifa, en que un estudiante narra cómo ha conocido a Don Quijote e introduce la primera parte de 1605 en el texto de 1614 (Fernández de Avellaneda, 1614-2014: 207). Sea como fuere, Avellaneda no pensó en incluir el libro en el libro

[7] McHale escribe que «The Chinese-box structure of Don Quixote, Borges has said, implied that we, too, are fictional characters, and that our reality is as much a fiction as Quixote’s is; hence the continuing fascination of this text for generations of readers»: McHale, 1987: 130)

[8] Además de darle respuesta a David Hilbert, Gödel demostró la falacia de Principia Mathematica, la obra con que Bertrand Russell y Alfred North Whitehead se proponían solucionar los mayores problemas matemáticos de su época (Hofstadter, 1979/1989: 19). Una interpretación de los Teoremas de Gödel sería que ninguna de las aseveraciones sobre la teoría de los números que están contenidas en los Principia Mathematica puede ser demostrada mediante el mismo sistema de los Principia Mathematica (Hofstadter, 1979/1989: 20). Gödel arrasó el edificio intelectual de Russel y Withehead de una forma parecida a la que anteriormente hizo el mismo Russell al inventar su Paradoja del Barbero para demostrar que la Teoría de los Conjuntos es contradictoria, lo que causó la desesperación de su enunciador, Gottlob Frege, en 1902. Este barbero afeita a todos y solo a todos los habitantes que no se afeitan a sí mismos. ¿Quién afeita a este barbero?

[9] La diferencia entre el lector y el crítico o intérprete es que el primero interpreta para sí, el segundo interpreta para los demás (Maestro, 2017: 444).

[10] Añado que en Quichotte de Salman Rushdie, la secuencia de los siete valles (que determina el viaje de formación del protagonista Quichotte) está sacada de El coloquio de los pájaros del persa Farad-ud-Din-Attar. Ahora bien, curiosamente este poema está mencionado en el relato El acercamiento a Almotásim de Borges (otro texto que, para Javier Cercas, inaugura la literatura posmoderna: Cercas, 2016: 32-36). Rushdie no explica esta referencia a pesar de que él mismo declaró hace más o menos una década, en una conversación con Peter Florence (promotor cultural y fundador del Hay Festival) que Ficciones había abierto las puertas de su mente.

[11] Menciono algunos trabajos sobre las duplicaciones «en abismo» en Don Quijote de la Mancha: Charles Oriel analiza las relaciones que existen entre el texto cervantino de 1605 y la historia de Cardenio (Oriel,1990): el autor destaca que el cuento interpolado de Cardenio duplica las técnicas y los mecanismos narrativos de Don Quijote de la Mancha, el texto en que este cuento figura, ya que la estructura fragmentaria del relato repite la del texto en que se encuentra ubicado. Oriel utiliza las nociones de metalepsis de Gérard Genette (o sea: una infracción, una transgresión de los niveles narrativos y de las jerarquías personaje-autor) y el ensayo-cuento Magias parciales del Quijote de Jorge Luis Borges como conceptos clave para el entendimiento de su análisis. En otro caso el hispanista suizo Georges Güntert sobre la Novela del curioso impertinente como ejemplo de «mise en abyme» de Don Quijote (Güntert, 2006); Güntert resalta que el cuento del Curioso impertinente es una «mise en abîme» de Don Quijote de la Mancha en lo que se refiere al enunciado, a la enunciación y al código de la narración interpolada en la que Camila es una especie de autor-narrador (Güntert, 2006: 220).

[12] Daniel Eisenberg nota que en Don Quijote de la Mancha hay dos paradojas evidentes (además de otras, que él descubre poco a poco): la imposibilidad para Ginés de Pasamonte de concluir su Vida ya que el libro coincide con su existencia y esta anécdota del río y del joven que pide se ahorcado, cuya estructura repite la paradoja de Epiménides de Creta, (Eisenberg, 1987/1995: 172).

[13] Efectivamente, quien ideó el término «metalenguaje» para designar un lenguaje que habla de otro lenguaje fue el lógico Rudolf Carnap en 1931, aunque anteriormente Lewis Carroll había introducido este concepto al imaginar un diálogo entre Aquiles y la Tortuga (personajes de una conocida paradoja de Zenón de Elea: Odifreddi, 2001: 186-190).

[14] En su Storia apocrifa di un mentitore Piergiorgio Odifreddi explica que las explicaciones de Gödel y de Tarski no representaron la solución definitiva de la paradoja (Odifreddi, 2001: 147-163): menciono el caso del lógico Saul Kripke (Odifreddi, 2001: 149-151; Odifreddi, 2004: 217-221), quien propuso que las proposiciones lógicas tienen que vincularse a los hechos reales a través de una acción que él llama aterrizaje («grounding»), que va del nivel de la enunciación abstracta al concreto de los acontecimientos. Otra solución es la del lógico Willard Quine, enunciada en 1962, que reelabora la distinción de los escolásticos de la Edad Media entre «uso» y «mención» de una palabra o de una frase.

[15] En un artículo mío de 2006 sobre los pseudobiblia argumenté que las memorias de Ginés de Pasamonte deben de incluir también la descripción de sus encuentros con Don Quijote, necesariamente. Aunque no entiendo completamente si Ginés ha dado o no su libro a la imprenta después de disfrazarse de Mase Pedro y pasar a Aragón (me parece que el pasaje en que Cide Hamete Benengeli le revela la identidad del titiritero al lector no está muy claro al respecto), me parece que su Vida es otra fuente, otra versión de la historia de Don Quijote de la Mancha. El texto de Ginés y el de Cide Hamete son dos espejos enfrentados.

[16] Como he apuntado, Hofstadter se refiere a los Teoremas de Gödel para designar todas las cosas que intentan definirse a sí mismas, lo que es imposible. Curiosamente este autor no alude (ni siquiera en una confutación) a Don Quijote de la Mancha y la versión cervantina de la Paradoja de Epiménides que aparece en II, 51. Ni siquiera comenta la estructura «en abismo» y la naturaleza autorreferencial de la obra cumbre de Cervantes o el bucle lógico de la Vida de Ginés de Pasamonte.

[17] En la opinión de McHale el género clave de la ficción moderna es la narrativa policial, mientras que la ciencia ficción es representativa de la literatura posmoderna.

[18] Mario J. Valdés propone una interpretación parecida en su análisis de Niebla de Miguel de Unamuno, al afirmar que la novela es un laberinto compuesto de cinco círculos concéntricos, cada uno incorporado al anterior. Sin embargo, para Valdés la realidad de Niebla brota de las páginas de la novela para extenderse hasta nuestra realidad y expresar la condición humana (Valdés, 1994: 22-46).

[19] Antonio Sobejano Morán clasifica a Álvaro Tarfe como un «personaje transhumante» de una novela a otra, un caso de violación de los niveles ontológicos (eso es: la metalepsis de que habla Génette), en su trabajo sobre la metaficción y la novela española de la edad posmoderna (Sobejano Morán, 2003: 29).

[20] Sobre este tema: José Ma Merino ha inventado el término «hiperquijote» para designar el juego de muñecas rusas —o de cajas chinas— de que se sirve Cervantes a la hora de organizar el sistema polifónico de los autores ficticios que escriben, traducen, comentan etc., la historia del caballero manchego (Merino, 2019: 283). Jesús G. Maestro explica magistralmente el concierto de esta polifonía retórica (Maestro, 2017-2022: 2620-2674).




*     *     *



Teorema de incompletud de Godel